12 de junio 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

Seguir sosteniendo que la culpa de lo sucedido en Aerolíneas, pasa por «una privatización mal hecha» resulta tan carente de cuerpo como su opuesto: que todas las otras funcionaron bien, porque «fueron privatizaciones bien hechas». Lo de la línea aérea es todo un escandaloso proceso de mala voluntad, con claras intenciones al vaciamiento y destrucción, pero favorecido por una serie de actuaciones posteriores del Estado argentino cambiando el escenario propuesto en cada una de las licitaciones. Si uno recuerda, por caso, el esquema que poseía YPF en cuanto a la composición de su control, verá que jamás se podía haber resumido en caer en manos de Repsol de manera absoluta. Era un mosaico de poder y donde la Nación poseía su director con el «voto de oro» -instrumento fundamental para forzar las situaciones- y con las provincias reteniendo algo así como 16% de las acciones. Todo se fue desvirtuando, las sucesivas necesidades de los componentes oficiales, sumado a decisiones sobre las que algunos deberían dar oportunas explicaciones, armaron un festival de pases de paquetes accionarios entre grupos licitantes que se intercambiaron figuritas como en el juego de «El estanciero». Las provincias liquidaron sin miramientos sus tenencias originales, las porciones en manos del Estado se quemaron a lo que pagara por ellas, los directores salieron por la ventana con el derecho a veto, y después vino un festival de OPAS y de fusiones por el cual se dieron procesos casi mágicos: donde una empresa local terminó siendo extranjera, donde se formaron notables trust dominantes de mercados. Y, de paso, con entes reguladores que nunca establecieron límites y reglas firmes en defensa del consumidor.

En nuestro medio el monopolio no se persigue, mucho menos el oligopolio, y todo el cuadro de dominio inicial sobre los servicios más esenciales de la Nación quedaron a exclusiva voluntad de los interesados de arriba, no de los de abajo. Si se agregan las oprobiosas cláusulas de reajustes tarifarios incorporados en los pliegos iniciales, se llega al panorama que hoy se debe sufrir en silencio. La causa de las armas, que tanto ruido promueve y abordando ribetes singulares, no ha tenido presentaciones similares para revisar todo el proceso posterior a los llamados a licitación y el juzgamiento de conductas que han ido de lleno en contra de los intereses nacionales y de cada ciudadano en particular. Habría mucho para esclarecer si se toma el modelo que entró por una boca del tubo, con lo que terminó saliendo por la otra. Comenzando, claro, desde los propios pliegos de licitación y ciertas cláusulas insólitas. Que no todo pasó por armas de verdad, hubo otras que han hecho más estragos que cañones y fusiles.

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