23 de noviembre 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

Nuestro título del miércoles, yendo a un drástico «Al borde del abismo...», resultaba el único que cabía a una rueda financiera que había dejado saldos dramáticos por todos sus indicadores. Esta vez no se enfrentaron títulos públicos y privados, queriendo cada uno defender un signo distinto, sino que fue cuando el llamado riesgo-país alcanzó una nueva frontera y se acomodó fácilmente camino de los increíbles «3.100» puntos (más de cuatro veces lo que tenía el país, a inicios de estos gobernantes). En tanto, el listado de papeles líderes estrictamente locales cantaba un terrible 7 por ciento de recorte en esa sola fecha del martes, con un volumen que -aun siendo bajo-estiraba sus cifras, en lugar de contraerlas. Pésimo cuadro, un formal perfil de lo que se llama una «corrida» bursátil: que no tiene réplicas en las cambiarias, simplemente porque no hay dólar paralelo, ni información confiable sobre qué ha hecho cada inversor en ese mismo día y respecto de activos bancarios. Hasta aquellos que apenas tienen un «ahorrito» de un par de miles de pesos, clamaban por querer pasarlo de moneda (y no, justamente, a patacones). Esa fecha se complementaba con las renuncias de dos alfiles de gabinete, la idea acerca de qué hacer con un déficit incontrolable y las advertencias sobre «tiempos duros» para el año 2002, que no harán más que forzar a los pocos que se animaban a consumir, a sentarse encima de lo que tengan. Porque si lo que viene es más duro que esto, pues de qué dureza nos estará hablando éste ministro... (lógico razonar ciudadano).

Que si es económico, que si el tema es político, en definitiva nos quedamos con lo que muchas veces escribimos sobre: lo «fiduciario». Se ha quebrado la confianza de la gente, respecto de todos estos gobernantes.Y ni siquiera los que se creían seres «providenciales», capaces de cambiar el humor y las tendencias con su sola presencia, han tenido el mínimo éxito. Hoy, todos son girones, pedazos de historia de un gobierno que comenzó hace apenas un par de años. Lamentable. Pero, real. Podrán prometer el mejor de los programas económicos, pero abortará de inmediato, porque casi nadie les creerá.Y, del mismo modo, donde surja el cambio -el de verdad, el que se dilata-lo «fiduciario» realizará el milagro de poner en marcha la rueda del país, de la mañana a la noche. No importará si hay dinero, bastará con el cambio de «expectativas racionales» y la liberación de fuerzas, que hoy están maniatadas. Un par de medidas en la dirección justa, más esa necesidad de creer (que los humanos llevamos como equipaje extra y que deberá tener receptores). Que no son éstos, seguro. Y la Bolsa estará dando el gran vuelco, antes que nadie, como lo ha hecho siempre.Atención, vigilar muy bien ahora...

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