24 de enero 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Cortando por la mitad los indicadores, se obtenía un mercado accionario mucho más comprensible que si se lo quería calificar a través de las evoluciones nominales. ¿Se acuerda, el veterano, de los volúmenes nominales? Hasta bien entrada la década del '70, en el viejo recinto se proporcionaba el volumen del día en términos «nominales». Esto es, se hacían análisis en base a la cantidad de papeles negociados y no a las sumas reales, efectivas, que se concretaban. Posteriormente, se comenzó a dar el total «efectivo» al día siguiente de cada rueda -carencia de una forma de contabilizar, que no incluía la tecnología necesaria- y, de última, y como gran logro, tuvimos en Buenos Aires los totales efectivos, quedando el nominal solamente en un segundo plano y como para extraer una orientación acerca del «valor par» (el total efectivo, dividido por el nominal, nos dice cuánto cuesta la acción promedio día por día). Ese «valor par» también sirve para ver en qué medida se aparta el conjunto de la Bolsa de su base nominal de $ 1 por acción. En fin, para no irnos por las ramas de los recuadros, resulta que desde la devaluación y así como se desempolvaron viejos escritorios de las «mesas» y «cuevas», llamando a trabajar a los que estuvieron en la época del dólar paralelo, también en nuestro mercado hubo que desempolvar viejos conceptos. Pensar en un Merval de «470» puntos, del lunes, casi en la zona de economía normal y con volumen de $ 35 millones diarios, es imaginar un paisaje ideal. Pero, sin mucho de lógica, ante el escenario descarnado que se continúa observando...
  
Con un simple ejercicio práctico, se encuentra algo entendible ciento por ciento: el dólar libre duplicando la cantidad de pesos necesarios, ergo, el Merval pasa a ser de unos «235» puntos y el volumen efectivo, de unos u$s 17 millones diarios. Muy razonable, solamente tratando de mantener posiciones como de antes de la devaluación, logrando un recorrido notable y empujado por la posibilidad de colocarse, antes de quedar pegado en el «corralito» como plazo fijo reprogramado.

No hay que ser demasiado pícaro para saber la exposición al riesgo. En todo caso, la gran mayoría de los que entraron empujando hacia las nubes -en pesos-las cotizaciones, sabía que era la alternativa a no querer estar atrapado en las redes de un Estado que juega con el dinero de los ciudadanos con la mayor falta de respeto. Todo está en un proceso dinámico de ebullición, nada en el país se está asentando, sino que permanece en movimiento y capaz de variar de formas de un día para el otro, en lo que hace a proyectar posibilidades. Panorama de visibilidad «cero», el día por día, la lucha por la vida, la defensa del capital y la espera de más agresiones: de un Estado sumamente violento en sus medidas.

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