30 de enero 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Como si en nuestro maltratado país no existieran suficientes males por resolver, todavía hay que venir a enterarse de un gobernador que piensa en escindir su provincia y convertirla en una república, independiente de la Argentina. Habría que preguntar si entramos en guerra, si es que nos va a ayudar (al menos, los correntinos aseguraban que sí, desde hace muchos años...). El lector dirá: «Bueno, mejor no tomar en serio esos comentarios, dejarlos pasar». Ah, no... ya se han dado muestras acabadas de que todo puede ser posible en nuestro medio. Lo peor que se puede hacer para correr los más serios riesgos, es desestimar -por inverosímiles-cualquier alter-nativa que se arroje. Si hace algunas semanas estábamos por recibir el «argentino», después apareció la devaluación, ahora se pone en marcha la maquinita de los pesos normales. El Fondo Monetario envía cuestionarios a los interesados, falta solamente que le coloquen un «tachar lo que no corresponda» y darles tres posibilidades a nuestros funcionarios, como para que elija una. Adjudicarles puntaje a las respuestas y establecer una sumatoria: según los totales que pudieron sumar, se le otorga, o no, la ayuda. Ya la ridiculez está tocando las cuerdas más agudas, daña los tímpanos oír ciertas novedades musicales que desafinan de modo inaudito. ¿Cuándo se armará, de verdad, un plan que vaya hacia la puesta en marcha del país? Todo lo que se trata ahora es de tejer una malla fuerte para que nadie se salga del sistema bancario, soportando las presiones sociales que resuenan con fuerza. De lo otro, ni jota. Y entonces, llega la novedad desde afuera -de Francia, en este casodonde ordenan a su filial local, Renault, que la paralización de plantas no se levante a finales de enero: sino que la mantengan hasta marzo (seguramente, condicional.) ¿Qué motivos hay? Pues, que en todo enero se vendieron algo así como solamente 2.000 automóviles, en conjunto, y las terminales deben estar esperando solamente la señal para bajar cortinas.

Demasiada improvisación, demasiados problemas para resolver de una, sin opción de equivocarse, y falta de la necesaria brillantez del equipo de combate. Se hace lo que se puede, es lo que se advierte, aunque esto no alcanza: porque solamente encaja
hacer lo necesario. Y rápido. Se nos quema otra vez el techo del rancho, dicen que van a presentar un supuesto plan a fines de la semana: es posible que allí jueguen una carta que definirá el partido. «Como parda, la mejor...» dice la ley del truco, una vez encontrada la paridad de naipes y la necesidad del desnivel. Hay que poner la mejor carta que quede, no guardar nada (porque no se sabe si darán otra mano...).

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