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Pero, dejemos por un momento a Francia -donde seguirán despellejando, por bastante tiempo, a los norteamericanos- y vayamos a ese cristal estallado y las secuelas dentro del propio ambiente de Wall Street. Pues bien, esto es para poner a prueba una genial apreciación de Mark Twain (viejo jugador de todo, arruinado por los mercados y su audacia) cuando puntualizó que «mi gato se sentó una vez sobre una estufa caliente. Nunca más se volvió a sentar sobre una estufa caliente, pero... tampoco sobre una fría».Y ¿qué sucede ahora, en la plaza más grande el mundo? Pues, que llegan novedades sobre la enorme desconfianza que se ha desparramado sobre los inversores. Hay poca solidez, hay temblores inusitados y -lo peor de todo- ha empezado a cotizar «la duda» en la plaza. Nada peor, para nosotros, que un mercado de riesgo donde interviene la duda. Mejor ver una dirección definida, contundente, aunque sea baja, que la zona donde todo está objetado y de todo se desconfía. En tiempo de balances, aún los resultados que vienen favorables están bajo la lupa y el descrédito acerca de cómo se armaron sus números. Días atrás lo sufrió fuerte IBM, buscándole la crítica por el modo de contabilizar los saldos extras. Como podía ser otro renglón del balance. La gente no ve la estufa caliente de la Enron... Pero, no quiere sentarse sobre las frías tampoco. Podrás hacer lo que quieras, buen hombre, pero no podrás nunca evitar las consecuencias.




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