28 de marzo 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Una curiosa relación entre activos se produjo el pasado lunes, donde apareció la fiebre verde y con las calles del centro abarrotadas de colas compradoras de dólares, en tanto dentro del recinto bursátil se operaba como en las épocas de más normalidad. Al menos, por lo extraído de los índices ponderados y que «matan» dentro de ellos evoluciones que -de modo particular- resultan mucho más expresivas. Sabe el lector que en la ponderación pesa, esencialmente, el volumen efectivo realizado por la especie líder. Y que para otros índices, como Burcap, lo que se pondera es la «capitalización», la envergadura societaria por sobre el resto. Aparte de esto (porque capital no hay, pero índices sobran...) aparecen otros dos listados diarios, con sus pruebas: el M.AR y que computa las que poseen sede social en el país, dejando afuera de la nómina a las españolas, más el nuevo Indice Bolsa que quiere resultar un panorama amplio, de más bosque y menos árbol líder.

El asunto es que la plaza del Grupo Galicia se despeñó en ese lunes, pero estuvieron muy sólidas las especies petroleras (Repsol, más PC) también la muy sana y robusta Ledesma, con el aporte del buen nivel de Atanor (con sus agroquímicos, que resultarán estrellas del campo) Una división de aguas bien llamativa, como que bajaba una Acíndar (atribulada, por la caída en la construcción) y rozagante una Siderca, que dispara tubos hacia afuera. Mientras el dólar viajaba a las nubes, hasta llegar a quebrar los cuatro pesos, las acciones se mantenían en modestas marcas globales y sin posibilidades de reflejar el frenesí de la calle. Un volumen que no podía expandirse, por más que los CEDEAR se retiraron de la plaza, ese día, hablando de unos $ 34 millones: al pasarlo a moneda dura, daba las anémicas cifras de casi siempre.

A todo esto, las abochornadas autoridades ensayaban nuevos instrumentos (gastados, diríase...) para querer competir a la demanda de dólares. Nada menos que ofrecer colocar dinero en los bancos y -encima- con tasas de interés que no podían tentar a nadie. La ola de rumores recorriendo todos los ámbitos y las autoridades pidiendo a gritos ver la costanera (que, a efectos metafóricos, vendría a resultar arribar al tan esperado feriado por Semana Santa) luchando el día por día, como si se tratara del último. Una sensación, esto último, que sería bueno poder testear en la interna del gabinete: saber, realmente, cómo toman sus tiempos, sus créditos políticos, los funcionarios que detentan el poder (y la palabra «detentar» nunca tan bien utilizada, para apuntar a que lo tienen por un rato). Las medidas que se toman, las cosas que se dicen, las pavadas dichas con sumo énfasis (que es una costumbre) y las facturas que se pagan, pretendiendo que nada ha sucedido y apelando a que el inversor y ahorrista no tenga memoria: derivó hacia otra realidad cruda. MetroGas se sumaba a no pagar sus compromisos financieros, como si tal cosa...

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