3 de abril 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

El fenómeno que se dio con las entidades bancarias, que en cuanto apareció «la peste» financiera en el país: quedaron como si hubieran resultado simples firmas «franquiciadas» en el país, pero desconectadas de sus famosas matrices (por las cuales, el inversor concurría a ellas...) lo podemos ver con plenitud en las primeras actitudes concretas de empresas extranjeras, de capital foráneo, que habrán cortado sus cordones con los grupos con control originales. Sobre el cómo hacerlo y la contestación a las clásicas preguntas de las que dicen: «bueno, che, pero no es tan fácil hacerlo...» les contestarán robustos y experimentados departamentos legales que (por si no se dieron cuenta muchos) fueron cambiando casi totalmente las normas y marcos por la que se manejara la actividad societaria en la Argentina. No hablemos de lo global, pero sí podemos asegurarlo con relación a las cotizantes en Bolsa. A pura memoria, se podrían marcar trazos gruesos sobre lo que se podía y no se podía hacer, tanto en lo político social, como en lo económico. Y de qué manera, en una década, se derribaron todo tipo de válvulas de seguridad (en especial, para los minoristas) en aras de funcionarios y comunicadores, que enarbolaban -junto a directivos del sistema- la necesidad de «integrarnos a las Bolsas principales...». Ellos todo lo resuelven, de esto despreocúpese, y si la idea es la que acaban de difundir (seguramente, para ver cómo cae, a modo de ensayo) respecto de una grande privatizada, cotizante, sobre la que recae el «a usted no lo conozco» y que se las arregle como pueda en la Argentina, pues... que no habrá modo de relacionar a la filial local con sus controles europeos. Como con los bancos. Claro, a menos que se instruyan demandas en cortes internacionales y que se financien esos juicios de modo oficial.

El caso que hoy nos reúne en la columna, en torno de un fogón y a puro mate, no pasa por ese segundo aspecto legal sino por el primero: ¿qué sucederá si, realmente, los grandes complejos empresarios quedan sueltos en el país y sin más apoyatura exterior? ¿Y de qué modo los seguirán los veloces capitales locales, que para aprender de tales recursos estratégicos son mandados a hacer? El caos. El ver un desfondarse eterno y con todas las sociedades «patas para arriba», sin remedio. La instancia previa a esto es que consigan lo que van a buscar con la advertencia de cortar amarras: que en el gobierno las permitan ponerse a tono con ingresos dolarizados que ya no lo son.Y que esto alcance para cubrir costos y compromisos de servicios de deudas. Un doble objetivo muy difícil de lograr, pero que puede generar el aumento tarifario tan temido y un shock con la población que tiene sus ingresos bajo frío y hasta rebajes. La cuerda está tensa, de afuera piden reformas, y de adentro... pan.

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