5 de abril 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

El manejo de los términos que definen tipos de gobierno, resulta bastante limitado en nuestro país y será porque se ha venido dando a lo largo de las décadas, un péndulo de democracia a dictaduras, manejándose casi todos con lo global de las definiciones y aunque no fueron pocas las figuras, y desvíos de poder, que hubieran encajado en otras derivaciones a partir de una democracia, o una dictadura. ¿Cuántos son los que saben qué es una «kakistocracia»?

Se nos dirá, no es tan necesario saberlo, por ser tan extraño el término, será que nunca se lo pone en práctica, jamás encaja con nada. Puede ser, por las dudas le dejamos la definición al señor lector, que integre el denso lote de los que no poseen la idea sobre tan inusual definición: «gobierno de los peores, constituido por cínicos, maniobreros, ignorantes y matones, proclives a toda suerte de maquinaciones para mantenerse en el poder, a pesar de su total incompetencia...».

Ciertamente, amigo lector ¿a quiénes les puede llegar a caber semejante definición? Dejémoslo como uno de esos juegos de palabras raras, de las que aprendemos una nueva. Valga apuntar que la definición, contundente, cruda, sin vueltas, pertenece a un interesante «Diccionario de Política», firmado por Ezequiel Ander-Egg y fechado su prólogo en Alicante, setiembre de 1983. En las palabras previas, aparecen ciertos conceptos que dan para pensar, de parte del autor, como cuando aclara que: «dejo para otra ocasión escribir sobre el travestismo del lenguaje político y el «frasemecum» de bolsillo que usan muchos políticos». En tal frase, nos quedamos con ese ingenioso giro del «frasemecum»... ¡Qué bueno! Y de qué modo vemos que se lo utiliza en un país tan convulsionado como el que tenemos.

También dispara más municiones, cuando apunta que «sobre el encubrimiento en el lenguaje político, diré que para resolver este problema, no veo otra alternativa que el camino seguido por Megin Pont Mestres: escribir, simultáneamente, un diccionario de política y de politequería. Con ello, se podrán distinguir dos tipos opuestos y antagónicos de actividad, incompatibles entre sí. Uno, digno y honorable. Otro, rastrero y deshonroso...». (Por ejemplo, dentro de la historia política argentina conviven como parlamentarios nombres como Lisandro de la Torre, o la legisladora Godoy. Hay que acertar de qué casillero de los nombrados puede encajar, a medida, cada uno).


Por si algún lector encuentra de interés un diccionario de tales características, pues solamente podemos agregarle que el editor fue el «Cid-Editor».Y, la última gran sorpresa, para ver que en nuestro medio siempre están mezclados la Biblia y el calefón, Carnera y San Martín: se trata de Colección Metodología. Dirigida por Eduardo Varela-Cid. Notable. Fascinante. Complejo.

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