El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Vuelta a cambiar el libreto, había que acostumbrarse a que lo más firme que corría era un retorno al tipo de cambio fijo. Los más imaginativos invocaban una «nueva convertibilidad» y algunos ya polemizaban sobre el valor posible del dólar...
A partir de varios programas que pudimos encontrar, en esa noche de martes, comprendimos por qué Tinelli no ha querido volver: porque le resulta imposible competir con tantos cómicos que andan sueltos y que -a la manera de Buster Keaton-dicen las frases más jocosas del mundo, con la cara revestida del gesto más serio. Por ahí, ya cerca de la medianoche, archiconocido conductor se regocijaba batiendo el parche con algo, más o menos, como esto: «así que nos embromaban hace un par de años, con que el modelo estaba terminado...» Y en lo que pare-cía resultar toda una defensa explícita de un sistema que -sin notarlo nosotros-nos había elevado a la categoría primer mundo, con generoso modo de vivir y de producir, para desbarrancarse por culpa de haber salido del modelo. Por tal tipo de pensamientos es como se entiende que los argentinos repitamos historias en un viaje circular, que nos deposita junto al mismo verso y al mismo cansado pan, una y otra vez. Nadie es responsable de nada, a su turno: cada presidente, cada integrante clave de gabinete, defenderá su sistema aplicado y sus lineamientos, diciendo que el país se hizo trizas a «partir de...» (haber dejado él su cargo, etc., etc.).
Dejá tu comentario