7 de mayo 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Cuando hacíamos el repaso del mes finalizado, para el comentario respectivo, nos quedó grabado un recuadro de tapa de Ambito Financiero y donde se destacaba el default del año, que indicaba a Telecom: deudora de u$s 3.200 millones al exterior. Impagable. Pero, ¿era pagable sin mediar la devaluación? Y esto corre para muchos, que en nuestro medio aducen la imposibilidad de honrar compromisos: «porque me agarró la devaluación...». Un latiguillo que está sirviendo de caballito de batalla a los verdaderamente perjudicados, como a los que sacan partido de la malaria general y -aunque pueden, holgados- se tiran al piso para no pagar. En una época, la moda era estar en la industria de «la convocatoria» (allá, por los '70). En otra, sobrevino la onda de «la imprevisibilidad», un espectacular artilugio para también eludir compromisos. Hoy día, el asunto pasa por adjudicarle a la devaluación todos los males y también los gruesos errores estratégicos, cometidos por grandes y por chicos, por locales y por extranjeros. Todo repaso por ver de qué modo se adquirieron en el país las grandes empresas que se privatizaban: imponen de un enorme apalancamiento, provisto por buena parte de banca extranjera, y después el gran show de agregar deudas mediante el lanzamiento audaz de «Obligaciones Negociables», que involucraron hasta garantías patrimoniales esenciales.

Casi todas las compradoras, resultaron grandes endeudadas en dólares y armando una bomba de tiempo que ya era imposible de desarmar: desde mucho antes de la devaluación del peso. Pero, vino al dedillo porque estaban esperando una gran excusa valedera para pasar por víctimas: en realidad, para muchos resultará un suicidio por descuidos inauditos, por vivir de prestado, por haber entrado en un circuito donde se trabajaba para la tasa de interés de los préstamos.

Creer que en los grandes grupos económicos, con raíces afuera muchos de ellos, no estaba muy presente que se vivía la irrealidad de un tipo de cambio que debía explotar a corto plazo: es suponer que esos grupos son grandes, solamente por casualidad. Cuando los «tiburones» comenzaron a desfilar de uno en fondo (nos acordamos de las ventas de Soros) en esta misma columna nos poníamos con los pelos de punta, pensando en qué vendría detrás de eso ¿Cómo es que pueda haber sorpresa en la devaluación y situaciones no debidamente proyectadas como hipótesis? Los default, que resultan vergonzosos para toda economía bien organizada y orientada en sus valores, empezó por el propio Estado y en una declaración festejada en el Congreso, como una virtud. Pero, siguió por el sector privado que copió el concepto y lo ha estado utilizando, como escudo, para no responder a compromisos. Es que la bicicleta perpetua se paró, todo vino del aire, ahora llegó el tiempo de despertar y ser los «nuevos pobres».

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