9 de mayo 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Tantas veces nos preguntamos, desde tan escueta columnita, qué iría a suceder con los Fondos Pensión si es que alguna vez (esto es, cuando Cavallo y compañía sostenían que «la convertibilidad será eterna...», textual) se llegaba a producir una variante en lo que hacía al tipo de cambio, por una parte, junto con esa sinfonía de «títulos basura» (los que emitía nuestro país y colocándolos mediante deleznables arreglos con las firmas) que poblaban las carteras de esas entidades. Curiosamente, y a pesar de datos que hoy varios medios arrojan sobre la peligrosa fragilidad y línea de flotación perforada de esas carteras, no surge un sentimiento de bronca y de protesta pública: por sumas ahorradas que se han esfumado, y lo harán mucho más, y condicionando seriamente las jubilaciones de la gran mayoría.

Desde su creación, vinimos clavando banderillas sobre lomos de funcionarios de un Estado estafador, que solamente apuraba la fundación de esas entidades para utilizarlas a modo de depósito de papeles de deuda, que los ciudadanos -que no comprarían ni uno de esos títulos, de modo particular- se irían comiendo a lo largo del tiempo, para seguir tapando los chanchullos con las cuentas públicas. Hoy, la devaluación actuó de filtro y dejó a la vista cuestiones como ésta: la quiebra virtual de un sistema que iba a funcionar mientras durara esa bonanza falsa en el país, y que pasaría de nuevo a las espaldas del Estado, en cuanto todo dejara de ser negocio. Y los ministros emitían papeles pintados de deuda pública: y más se ensuciaban las carteras, que era dinero de los terceros aportantes. De última, nomás, apareció la protesta y la negativa a continuar comiendo de esos títulos, pero la situación ya había desbordado.

Recordamos (esto es a pura memoria y no hemos recurrido a repasar la colección, para encontrar el día justo) que una vez Cavallo -ya desaforado, fuera de sí ante lo que ceñía la economía cada vez más- amenazó a las entidades con bajarles las fabulosas comisiones que perciben, si no aceptaban tomar más papeles -ya eran del canje- y engordar las carteras con esa materia de baja calidad. Tiene que existir una larga historia secreta, con la relación entre gobiernos y Fondos Pensión (bancos), de donde los administradores no cumplieron con la función defendiendo al aportante, sino asumiendo la actitud de prestar los fondos a desaliñados y aventureros planes económicos que nos iban llevando al embudo de la explosión total. No era, seguramente, por falta de capacidad o visión, sino por arreglos con coacciones, con amenazas, con el riesgo de perder esas altas porciones que se les permitía a los que recaudaban para la pensión privada. Otra más que se dio plena, ver ahora que se hable de un circuito que está por producir una manifestación de imposibilidad de seguir, y -de ser así- un escándalo histórico...

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