14 de mayo 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

No es que exista un sentimiento «antiyanqui» en muchos países, especialmente de nuestra región, porque los bebés vengan con el «chip» incorporado: es que ellos hacen bastante para que ese bebé se vaya convirtiendo en niño, pasando a la adolescencia y -finalmente, si llega- coronarse en un hombre, viendo todo tipo de atropellos por parte del Norte, como cabe a quien es cabeza de imperio. El asunto es que quieran pasar por lo que no son, dando lecciones de escrúpulos, de «fair play», de ética o de lavado de corruptelas, cuando su historia demuestra (y muchos de sus personajes sobresalientes los revisamos en contratapas de esta sección, que realizamos durante más de dos años) que han sido maestros del mundo en cuanto a instaurar la cultura del «tanto tenés, tanto valés» y a otra cosa... En esa desesperación por subir en la escalera de los bienes materiales, se han pisoteado las más increíbles trayectorias. Se han vulnerado todos los más elementales principios de la vida, de las relaciones, de las maneras dignas de amasar fortuna: sin tener que hacer harina a los demás (esta ocurrente metáfora pertenece a Quino, en su Mafalda, ya se la devolvemos y en buen estado...) Pero, lo de amasar fortunas y hacer harina del prójimo, viene bien para sintonizar con la última decisión del gobierno norteamericano.

Un aumento de 70% de los subsidios para el campo. Más de u$s 73.000 millones esparcidos hasta 2007 entre sus agricultores, de manera directa. Y aguantárselas. Por más que llore Duhalde en su visita a un campo de soja, o se quejen los brasileños, o el que quiera enojarse. Les importa un comino. Hace a una estrategia, es de orden interna la medida, emplean de muy buena forma su soberanía: pero, lo desfachatado es que al resto del mundo (como ahora, a nosotros) les exigen mercados libres, competencia pura, carencia de subsidios, entrada franca de sus productos... Así como subsidian, protegen y suben aranceles, o inventan virus y cualquier patraña para forjar un escudo a sus productores. Café de Brasil, acero de la Argentina (limones, últimamente), vino de Chile, lo que fuere... ¿Quién no se ha visto coartado, muchas veces, al exportarles a los Estados Unidos? Pero, ellos deciden y punto.Y si se trata de un letal efecto «invernadero», recalentamiento del planeta, todos coinciden en bajar o eliminar gases contaminantes: menos, los Estados Unidos. Porque les da la gana. Y son los patrones de la vereda bélica y económica (en tal orden). Pues bien, la conclusión es que ellos son ultraconservadores con su patrimonio, pero ultraliberales con el patrimonio de los demás: parte del cual, engrosará el de ellos. Hay que ser demasiado bueno, o demasiado timorato, para no sentir resentimientos ante gente que discursa y vende libros sobre una economía que no practica, pero que están obligados a practicar los demás. Somos culpables, arquitectos de nuestro propio destino: seguro. Pero no van a salvarse las gallinas siguiendo consejos de los zorros...

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