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Apesadumbrados por nuestro pensamiento oxidado, nos refugiamos en la relectura de los ejemplares maravillosos de la revista literaria «Martín Fierro» (1924-1927), y que ha tenido una edición compilada por parte del «Fondo Nacional de las Artes» (1955) que, cariñosamente, recomendamos al lector intente conseguir en librerías. El repaso por sus páginas hace que a uno le de un poco de vergüenza escribir para editar y que se lea. Quienes allí escriben enaltecían la literatura hasta puntos inimaginables, en especial cuando tocaban temas comunes y vulgares: haciéndolos sublimes. (Ejemplo: la descripción sobre «Las chicas de Flores», que realiza Oliverio Gi-rondo). Plenamente argentino, porteño pero amplio, la revista había redactado un «Manifiesto» y allí se remataba con estos párrafos: «Martín Fierro sólo aprecia a los negros y a los blancos, que son realmente negros o blancos y no pretenden, en lo más mínimo, cambiar de color...». En una columna titulada «Membretes», aparece una explicación tan irónica, como ingeniosa, acerca de: «El espesor de las nalgas de Rabelais explica su optimismo. Para tener una visión como la suya, lo primero que se necesita es estar bien sentado; sentir el esqueleto lo suficientemente lejos, como para que no nos dé un pregusto de muerte...». Bien podría algún funcionario actual dejarse crecer las nalgas, para poder tomar esa distancia con la realidad que el propio Jefe de Gabinete pretende, y se frustra, día tras día desde un micrófono de Casa de Gobierno. Lamentable.




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