26 de julio 2002 - 00:00

Cupones Bursátiles

Disculpe el consecuente lector de estos «cupones», los antiguos pensamientos que destilan, como el que por estos días nos lleva a pensar aterrados: en que el grueso del petróleo de la Argentina, destilará por manos extranjeras, asociándose a servicios que están amenazando con cortes y mientras, en el abanico de opiniones, no hemos advertido semejante alarma. En general la idea es que Pérez Companc le vende a Petrobrás. Y punto. Por lo cual, nuestro temor es totalmente injustificado y en el país priva la idea de la economía de libre mercado, donde no interesa el origen, ni las intenciones, ni la soberanía sobre ciertos elementos básicos sino, solamente, esa libertad transaccional, como la entrada y salida libres por los interiores de nuestra República... Nos queda, igualmente, la íntima idea de regocijarnos al pensar que hay otros también tan antiguos como nosotros y que no gozarán del destino glorioso, que nos acompaña en el país. Por caso, los antiguos chilenos que nunca han accedido a privatizar las minas de cobre. O los anti-guos brasileños, que vinieron a comprarse uno de los principales grupos económicos locales: con una petrolera, estatal, brasileña. ¡Ni se imaginan lo mal que les va ir! a chilenos y a brasileños, con esa antigua forma de mantener bajo el control del Estado tales sectores clave de sus economías. Colocamos a YPF y el sector privado nacional, colocó a Pérez Companc energía: ¡y estos vecinos, que no aprenden!

Apesadumbrados por nuestro pensamiento oxidado, nos refugiamos en la relectura de los ejemplares maravillosos de la revista literaria «Martín Fierro» (1924-1927), y que ha tenido una edición compilada por parte del «Fondo Nacional de las Artes» (1955) que, cariñosamente, recomendamos al lector intente conseguir en librerías. El repaso por sus páginas hace que a uno le de un poco de vergüenza escribir para editar y que se lea. Quienes allí escriben enaltecían la literatura hasta puntos inimaginables, en especial cuando tocaban temas comunes y vulgares: haciéndolos sublimes. (Ejemplo: la descripción sobre «Las chicas de Flores», que realiza Oliverio Gi-rondo). Plenamente argentino, porteño pero amplio, la revista había redactado un «Manifiesto» y allí se remataba con estos párrafos: «Martín Fierro sólo aprecia a los negros y a los blancos, que son realmente negros o blancos y no pretenden, en lo más mínimo, cambiar de color...». En una columna titulada «Membretes», aparece una explicación tan irónica, como ingeniosa, acerca de: «El espesor de las nalgas de Rabelais explica su optimismo. Para tener una visión como la suya, lo primero que se necesita es estar bien sentado; sentir el esqueleto lo suficientemente lejos, como para que no nos dé un pregusto de muerte...». Bien podría algún funcionario actual dejarse crecer las nalgas, para poder tomar esa distancia con la realidad que el propio Jefe de Gabinete pretende, y se frustra, día tras día desde un micrófono de Casa de Gobierno. Lamentable.

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