Cupones bursátiles
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Bellísimo. La capacidad de los grandes de atrapar, en tres párrafos, la verdadera sustancia, el extracto, la razón de ser de una actividad, de un mercado. Sin ir por las ramas, sin ocuparse de hablar de inversión, de especulación, de dividendos, o de empresas y acciones, nuestro hombre llega a la conclusión de manera progresiva: pero terminante. Si alguien quiere decir algo, en oposición a esta definición sobre qué es, para qué sirve, un mercado de oferta pública, invitamos a que participen con lo suyo en nuestros cupones y veremos de desmentir a Röpke. Obsérvese que lo que abarca en el remate de la definición es de un valor y amplitud descomunales: si es que existe libre competencia en ella -en la Bolsa- es el único lugar donde se la podrá encontrar.
Y pensar que muchas veces, especialmente en un medio como el nuestro, hay que soportar que los trasnochados de siempre hablen de «timba», de «inversión del azar», de «simple juego para los más pudientes...». Y que los ministros de Economía se sucedan, sin que le presten la menor atención a desarrollar un mercado bursátil de gran fortaleza. «La forma más perfecta de mercado organizado...», nos repica la voz de Röpke, como si esto solo no mereciera ya un trato muy especial, de políticos y funcionarios. Pero, ni empresarios que cotizan sus papeles, muchas veces, ni los que intervienen a diario de alguna manera en el mercado, suben la puntería de este modo: que es ubicar a la Bolsa, donde se merece... .




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