12 de agosto 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Para entrar en asunto, sepa el lector que esto no lo describió algún autor de los que gustan ver las inversiones en superficie sino que se trata de William Röpke, considerado como uno de los «padres de la economía social de mercado» y gestor del que pasó a la historia como: el «milagro alemán». Así que cuando tal tipo de personaje abre la boca, o empuña la pluma, lo mejor es andarse con cuidado y aprender. Que es lo que hicimos y que ahora, porque uno también suele olvidarse de algunas de las raíces de este frondoso árbol llamado Bolsa, refrescamos para entender a fondo qué significa el poseer un mercado de esa índole... Oigamos a Röpke:

«La formación de precios en régimen de libre competencia y de monopolio perfecto no son, en realidad, más que casos marginales extraordinariamente raros, ya que ambos suponen condiciones que -en la práctica- no se dan nunca.» «No hay competencia verdaderamente libre, más que cuando es muy grande el número de vendedores que comercian de modo independiente unos de otros. Y cuando hemos de habérnoslas con un mercado perfecto: en el sentido de que todos los vendedores y compradores, conocen al mismo tiempo -y sin excepción- sus ofertas y las compensan unas con otras...»

«Pero, esto solamente ocurre en cierto modo en los mercados organizados, en particular en la Bolsa: la forma más perfecta de mercado organizado. Si es que existe libre competencia, en ella es donde habremos de buscarla.»

Bellísimo. La capacidad de los grandes de atrapar, en tres párrafos, la verdadera sustancia, el extracto, la razón de ser de una actividad, de un mercado. Sin ir por las ramas, sin ocuparse de hablar de inversión, de especulación, de dividendos, o de empresas y acciones, nuestro hombre llega a la conclusión de manera progresiva: pero terminante. Si alguien quiere decir algo, en oposición a esta definición sobre qué es, para qué sirve, un mercado de oferta pública, invitamos a que participen con lo suyo en nuestros cupones y veremos de desmentir a Röpke. Obsérvese que lo que abarca en el remate de la definición es de un valor y amplitud descomunales: si es que existe libre competencia en ella -en la Bolsa- es el único lugar donde se la podrá encontrar.


Y pensar que muchas veces, especialmente en un medio como el nuestro, hay que soportar que los trasnochados de siempre hablen de «timba», de «inversión del azar», de «simple juego para los más pudientes...». Y que los ministros de Economía se sucedan, sin que le presten la menor atención a desarrollar un mercado bursátil de gran fortaleza.
«La forma más perfecta de mercado organizado...», nos repica la voz de Röpke, como si esto solo no mereciera ya un trato muy especial, de políticos y funcionarios. Pero, ni empresarios que cotizan sus papeles, muchas veces, ni los que intervienen a diario de alguna manera en el mercado, suben la puntería de este modo: que es ubicar a la Bolsa, donde se merece... .

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