27 de agosto 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Parece que para nuestro medio, nunca es bastante. Se viene otra vuelta de tuerca para que -vía indirecta- los que pueden ejercer el poder, aunque de modo temporal, en las distintas categorías y funciones, dirijan el aporte jubilatorio de las personas, en los fondos privados, hacia activos de muy dudosa consistencia a futuro y repitiendo, posiblemente, el desgraciado ensuciar de las carteras que ya se produjo en años anteriores.

A modo de justificación, corría la impresión de entidades presionadas por funcionarios encumbrados para que tomaran papeles de deuda del Estado (de un modo suicida, para la salud de las futuras jubilaciones), hecho que provocó lo que, posteriormente, hubo que blanquear. Que el porvenir es muy nebuloso para los que deban ser beneficiarios del sistema. Pues bien, ahora parece haberse armado todo un circuito maquiavélico, pleno de insensatez, y sobre el que diera cuenta nuestro diario en su edición del jueves pasado. Bajo el título «Crean un fondo para auxiliar a empresas», el breve pero fulminante recuadro impone de la gran novedad: «darán créditos a compañías en crisis. Piden aporte a AFJP» ¿Piden aporte a quién?, dan ganas de gritarles. Pero, ¿de qué se trata? O es que los simples administradores de dinero de terceros, que tienen la delicada misión de servir para afrontar la edad pasiva, poseen la facultad de rifar esos ahorros forzosos de la personas... No lo sabíamos. Pero es que ya por segunda vez: es mucho. La primera, con todo lo inexcusable de haberse llenado de papel malo (o Cavallo les bajaba las comisiones, tal la amenaza) debía llamar a recato a los funcionarios nacionales y a los propios administradores.

En pocas palabras, esta vergonzosa nueva jugada consistiría en derivar el dinero de la gente, vía AFJP, para salir a financiar a empresas «que atraviesan una crítica situación financiera...» (tal las comillas, como en la nota, y que harán referencia a algo textual dicho por Atanasof, o alguno cercano). Empresas a las que nadie en el mundo financiaría, justamente porque están en «delicada situación, en un país en default y situación crítica, al que nadie le quiere prestar un cobre» (las comillas son para nosotros; se lo decimos textualmente, a funcionarios y administradores). La contrapartida parece estar en que el gobierno prometió que los aportantes deberán volver de 5% a 11% de recorte en sus sueldos, para que vayan a los fondos de pensión. Simplemente, negociar porciones de los aportes, para dirigir los fondos donde les indiquen. En este caso, empresarios audaces, cobijándose en políticos de paso, que no tienen la menor vergüenza en gastar mecanismos como el que se quiere gestar, según la nota. Debería existir -además de los ahorristas- un frente de repulsa y reclamo, pero formado por aportantes forzosos que no sabrán si alguna vez podrán recuperar lo suyo, en la edad indicada, y expuestos a inversiones que no resisten el menor análisis. (Si alguno las quiere analizar, estamos abiertos.)

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