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No estamos en tiempos felices, desde hace un buen rato, y siempre la Bolsa resulta espejo de lo que sucede en las sociedades, en cualquier esfera. Encontrar la bisagra que fue derribando vallas conceptualmente bien ideadas, desde la Ley 17.811, y a las que sólo había que remozar para adaptarlas a nuevos giros y modalidades que se fueron dando desde 1967 -año de aquella ley-es hallar también el inicio de todos los desaguisados que se cometieron en el país y en su economía.
También en ese espejo se advierten las facilidades otorgadas para pecar, pero sin molestarse en revisar y poner en forma a los debidos castigos. Cierto es que la corrupción, la inmoralidad, el atropello, se puede encontrar en todas latitudes y lo que sucedió en Wall Street (por enésima vez en su historia) con los escándalos de las empresas y sus balances falseados, es la mejor muestra.
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