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Los 100.000 pretendientes a la torta política tucumana, es otra prueba de que la «industria política» es la que continúa capturando entusiastas adeptos, a algún puesto rentado. Los candidatos están transitando un remanido camino de repetirse en réplicas y contrarréplicas, de sacar a algunos trapitos al sol de rencillas pasadas, pero ninguno le aportó el elemento que pueda entusiasmar ni a la gente, ni mucho menos a un inversor, tanto menos al que está transitando por el riesgo puro de una acción.
Sin embargo, todo está siempre con predisposición para armar algún movimiento, que permita hacer diferencias más rápidas que una tasa bancaria, o que el ahora despreciado dólar.
Solamente falta que se disipen las ventas por primera vuelta y que se pueda organizar un concierto de ciertas manos con capacidad de control para un escenario tan arrugado. Volver a la técnica de venderse el reloj, pasarlo de mano a $ 2, para que otro lo tome a $ 4, el otro paga $ 6 y así... De todos modos, en el circuito cerrado en que se desenvuelve el mercado bursátil, ni siquiera hace daño el mero juego de producir inflación de acciones: porque involucra solamente, a los que están en el ambiente.
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