En el revoltijo de números de balances y de sobresaltos políticos, en el recinto bursátil los índices pueden tomar hacia cualquier dirección, siendo así carentes no ya de opinión lo que pueda obtenerse de una rueda. Ante la llegada de estados contables, y la prisa habitual de todas las redacciones por «decir algo» sobre lo arribado, se han generado ciertas creencias sobre «mejoras» de fuste: a las que se toma por la línea final del trimestre, no sobre el desagregado y origen de tal beneficio, o bien, pérdida. Porque, sépalo el lector desprevenido, o el recién arribado al sistema, que más de una vez hay pérdidas de algunas, que valen por mucho más que las ganancias de otras. Siempre que se observa a las acciones como una inversión, no como una apuesta de un día, y se parta de ciertos principios básicos cuando se entra a seleccionar posiciones.
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El primer consejo resultaría así: no dejarse llevar por una opinión masiva, sobre tandas de balances que llegan todas juntas, y esperar en función de establecer cierto ranking de las mejores y peores llegadas. Comparando, también, los números contables con los precios de los papeles: porque siempre está presente que una «barata» puede ser la más cara: o la «cara» resultar un buen negocio, en función de sus números. Los fuertes golpes sobre el renglón de los resultados por «tenencias y financiero», de acuerdo a un dólar hacia arriba o en depresión, son los que gobiernan por estos días las líneas finales. Pero, dentro del cuadro, y para medir las perspectivas de una empresa, interesa saber cómo sucede con los saldos por «explicación», si han mejorado o se han deteriorado. De hecho, los dos tipos de visiones para establecer si «buenos» o «malos», pueden colocar de cabeza a uno de los listados, respecto de la otra manera de juzgar y analizar. Cuando las aguas políticas vuelvan a algún cauce, racional, viendo qué es lo que se monta en el país en el nuevo intento de «salvar la patria»: recién se podrá advertir una tendencia, que llegue para quedarse cierto lapso. Por el momento, esperar y ver. Pero, al menos, seleccionar los papeles, para tenerlos listos si hay que asumir posiciones. O bien, para depurar la cartera de los «pesos muertos». Esta semana deberá ser tomada como una coctelera, proveniente del contexto que se vive, donde el Merval tuvo nostalgias de sus «600» y volvió a los terrenos aledaños al mismo. Todo aquello del «pro mercado» y esas arengas de comité, archivarlas de inmediato: porque aquí nadie hará lo que quiera, sino lo que pueda y lo que le dejen desde afuera. No corre el ser más o menos «populista», o tirarse más o menos a la «derecha», las cuestiones son muchas y son arduas. Mientras tanto, la embajada norteamericana nos presentaba al nuevo billete de 20 dólares: diciendo que nunca se devaluó el dólar, desde 1861. No, solamente le quitaron el patrón oro, el respaldo, y se depreció por simple erosión inflacionaria. Pero, el show da para todo. Hasta cambiar color. Informate más
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