20 de mayo 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Una semana totalmente desechable para el análisis, resultaría la previa al acto electoral. Sin embargo, pasó a ser el centro de la escena por la renuncia anticipada, hecho que no varió para nada la creencia generalizada sobre el resultado. Igualmente, continuó en el calificativo de desechable el andar tartamudeante por el período y donde se arribaría al viernes: sin saber a qué se estaba jugando en la tónica bursátil. Para aquí, para allá, que arriba, que abajo, en definitiva eso es la «dispersión» del mercado en tiempos oscuros. Lo que se titula «volatilidad», que no resulta tal estrictamente, porque nada de lo cotizable se volatiliza. Se anarquiza, se dispersa, se diluye en cada intento, se cae y se vuelve a incorporar. Decíamos, antes de todas las coloridas jornadas de las elecciones, que lo mejor era aguardar y tratar de encontrar alguna tendencia definida antes de arriesgar de manera sostenida. Quedará en el historial el arrebato de la «primera vuelta», la jugada a fondo por un candidato al que se quería ver en la segunda instancia, empujado más por los deseos del ambiente y que originó un red que se vio truncado, de manera elocuente, con un lunes de 8% de caída.

Después, el deambular sin rumbo cierto, buscando el flanco positivo a lo que iba a sobrevenir y que ya ninguna encuesta podía confundir. Y lo que se vino observando no llegó a convencer a casi nadie, que dejó todo en manos del juego habitual y de los asistentes amantes del riesgo a fondo, el encargue de llevar adelante estos pesados días.

Se habla de que se anunciarán ciertos «planes» al momento de asumir el nuevo gobierno, hubo manifestaciones agresivas del flamante electo, respecto de no se sabe bien qué tipo de actitud contraria detectó en ciertos «poderosos intereses y un sector del mundillo financiero», que se oponían a su triunfo y de los que aguarda le den cierto trajín. Se comienza por tratar de dividir las aguas, colocando en una punta a los que representan de alguna forma «al mercado»: sin pensar demasiado todavía, en cuánto habrá de necesitarlos oportunamente. La extrema endeblez, en que asumirá el nuevo gabinete: recién podrá ir descubriéndola en cuanto se le produzca algún cuello de botella, de los tantos problemas. La debilidad de un país que sigue en «default» general, sin crédito a la vista, del que todos esperan que consiga salir a flote con sus propios recursos. Y con una moneda expuesta ante un nivel de reservas: que no puede resistir cualquier ataque formal que le quieran organizar. No hay dólares para patotear demasiado, todo desequilibrio en tal sentido le puede crear efectos multiplicados. Es la diferencia, como la que uno advierte entre lo que piensan los que van con las motos por la calle, esquivando autos, y lo que sucede realmente. Ellos creen que son unos genios manejando la moto. La verdad, es que todos los van cuidando por los espejos retrovisores y haciendo la maniobra que ellos precisan, para no verse en un problema.

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