1 de agosto 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Cuando todo se diluía en un ambiente que cada vez se acurrucaba más, con peligro de terminar derivando a escalones menores, el martes pareció hallar el mercado lo que se denomina en publicidad una «idea-fuerza». Aquella que pasa a resultar el centro de una campaña, capaz de llevar a productos o personajes a lugares impensados, si se acierta con ella. Y el resultado del martes, para nosotros, resultó arribar a un punto impensable desde lo inmediato anterior que era un lunes de $ 15 millones de efectivo y entroncando con el desinterés de la otra semana. En la segunda rueda semanal, la plaza vio a un Merval saltando hasta más de 3% de aumento, pero con un motor de muchas revoluciones en el volumen, que subió hasta tres veces lo mencionado antes, de una rueda a la otra. Lo que aparecía en la escena era la doble novedad de haberse dado por satisfecho el Fondo Monetario con el acuerdo anterior, aflojando algo más de u$s 1.000 millones, y yendo a dejar todo preparado para hablar hacia futuro.

Bien mirado, en una época donde abundaron las noticias buenas, antes que las malas, no era para emocionar a nadie el trámite, ni siquiera el monto de la nueva ayuda. Pero con un mercado huérfano de apoyo y hasta pareciendo «vacío» de inquietudes, resultó una buena palanca para mover y sacudir la modorra. Claro, con esta columna siempre nos sucede lo mismo, recién está apareciendo en viernes -la estamos realizando el martes por la noche- y a estas alturas, no sabemos qué ha subido en ruedas siguientes.

Alguien muy ligado al estrato superior bursátil, nos comentó entusiasmado -ese mismo martes- que veía al mercado para arriba.
¿Motivos?, preguntamos lacónicos. «Que el gobierno va a ir tomando la dirección correcta...». Puede ser simple expresión de deseos de un «comprado», pero también podría ser indicativo de que tal «voto», sugestivamente favorable, resulte multiplicado en muchos. En Bolsa siempre triunfa la mayoría, hacia uno de los lados, no la de cantidad de gente, pero sí la de calidad de inversiones. Y sospechamos que nuestro interlocutor habría estado contactado con personas de cierto peso, enroladas en esa vocación «kirchneryana», o bien se tomó de la reacción del mercado de esa rueda y se puso eufórico al notar que lo suyo tomaba vida nuevamente. Siempre habría que saber qué elementos lleva en su cartera un interlocutor cuando se propone hablar de un tema como el bursátil, para entender el sostén de ciertas aseveraciones. No es la primera vez que, con diferencia de un par de días, alguien que nos recomendaba hablar bien del mercado «porque está sólido y alcista», después, una vez vendido, hacía fuerza en la otra opinión. Pero como resultaría muy enojoso pedirle a cada uno en qué situación está antes de dialogar, sólo se pueden tomar opiniones para razonarlas, filtrarlas, solicitar argumentaciones, porque si el argumento es serio, y no lo vimos, nos puede ilustrar para cambiar de opinión. Por ahora, lo esperamos.

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