Es imposible encontrar algún principio de orden, o de conducta inversora, si se cotejan especies entre sí y hasta los mismos indicadores a modo de cartera. Cubiertos el primer semestre y un mes del segundo, se halla una escalera que presenta al Merval clásico con 49% de rendimiento ponderado. Le sigue el listado M.AR -de locales-con casi 44%, después una luz amplia para llegar al 27% que menciona el Indice Bolsa -nivel general-y cierra un Burcap totalmente abatido, con solamente 13% de evolución en siete meses. Si se toma el desarrollo de las especies, hay dos que copan la cumbre con tres dígitos de rendimiento: Acíndar, con 187% y Telecom, con 122%. De allí se decae a 80% en el papel de Grupo Galicia, muy cerca el Bansud con 78%, 65% en Renault y 60% en TGS. No faltan dos negativas, Molinos y Comercial con 0,5 por ciento. Río con 0,6%; otras, apenas mostrando utilidad: Atanor con 1,3% y especialmente una Pérez Companc con sólo 2,2%. Flotando en aguas medias, el Francés con 42% y Solvay Indupa que lleva 25%. Finalmente, la internacional Tenaris dando escasa satisfacción, con su 16,5%. ¿Cómo se puede tejer algún hilo conductor entre todo este selvático paisaje accionario? Se dirá que hay predominio de las muy líquidas, pero PC -acción insignia-apenas si registró aumentos. Entre las dos primeras, nada hay que pueda juntar a Acíndar y a Telecom. Y entre Acíndar -con 187%- y Siderar, del mismo rubro, con 38% solamente, hay un campo de distancia. De todo esto, el Merval extrajo su 49% de aumento en siete meses, aunque sus papeles -por separado-son un tiro al blanco para poder acertarlos con un gran rendimiento, o una gran frustración. Si se va a las raíces del concepto de volatilidad, o dispersión, que es el rango en que los papeles se apartan de un promedio, la cuestión puede quedar en un pantano. Curiosamente, hemos realizado la cuenta clásica lineal, sin ponderar por nada y dándoles a todas las especies el mismo valor en el índice de líderes. Sumando, restando, dividiendo por 14 principales.Y esa cuenta casi se clavó en el mismo nivel del Merval: da 50% de crecimiento anual, y el Merval 49 por ciento. Viendo lo alejado del único índice que toma la general, no solamente las principales, el de la Bolsa -con 27%-, se puede inferir que no existe «vida» más allá de las que están bajo el foco de las grandes carteras. Para papeles medianos o chicos, solamente el poder marcar movimientos ya resulta un buen acontecer. Y no se pueden anotar en ningún tipo de ritmo es-table, además quedando alejadas de evoluciones de gran nota y actuando a la mitad de un Merval. No es ilógico observar que la «casa está en desorden», los saltos permanentes de noticias y tendencias, las zonas expansivas y luego contractivas en volumen también obligan a un trabajo tan abrupto, como para perder el sentido de la elasticidad conjunta. Que no existe un «compre Bolsa» o un «venda Bolsa» es lo que quedaría de conclusión global.
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