4 de noviembre 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Revisando estadísticas, se puede llegar a caer en el facilismo de las «permanencias», hacer una extensión a las «cábalas», encontrar hechos del pasado y proyectarlos a futuro: concluyendo que si unas veces fue, volverá a serlo. Como todo en Bolsa, conviene tener a la vista el pasado, pero dándole solamente el valor proporcional que puede poseer. Por caso, si marcamos esa advertencia sobre el amanecido noviembre: y que resulta un mes odioso en la última docena de Merval. Saber que se está con cuatro años a favor, por ocho en contra, posiblemente no signifique más que una simple coincidencia.

Agregar que aun en momentos de años buenos, noviembre terminó por dar la nota negativa, acaso posea razones fundamentalistas reavivando los hechos del contexto en cada ocasión, para tratar de explicar los por qué de las bajas abundantes.

Pero, ahí tiene, detrás viene el remate del ejercicio: y los «diciembres» son para colocarse la servilleta y esperar el suculento postre. Porque diciembre contiene nada menos que «100» años con subas del Merval, por solamente «2» en retroceso. El dibujo diría de un valle, una ondulación de noviembre, para salir catapultado el índice en el mes que abrocha el año.

En mercados donde todo se busca, para encontrarle la «manija» a la tendencia, como en Wall Street, se han realizado infinidad de estadísticas históricas buscando no solamente por los meses, también por cada día de la semana. Y hasta se apoyaron en darles una justificación, en virtud de la tendencia de los operadores en cada zona del año. Nada termina por dar la «fórmula», cada año parece irrepetible, así como este noviembre filoso en el que entramos ahora: y que podría dar el campanazo de resultar bien positivo y, de paso, yendo a la historia por ser el de la llegada a los «1.000» puntos del Merval. Algo para redimirlo...

Más allá de jueguitos numéricos, lo que se vio en el final de octubre es una opacidad de nuevas órdenes de la demanda y que hicieron tambalear los intentos de nuevas mejorías. Se podría pensar en algún tipo de temores por cuestiones que parecen endurecerse y con un ministro de Economía que ya no parece tan cómodo el decir que «no pasa nada». Salió a pedir apoyo de la gente y de los empresarios, se han realizado viajes a gobiernos a quienes se les pide interceder, se logró estirar la agonía sobre la ejecución del juicio en Nueva York todo esto denota que hay preocupación creciente. Especialmente, por si después se debe contar al ciudadano una historia distinta, de la tan firme y rígida posición unilateral adoptada. Si se formaliza más algún frente de tormenta, si el volumen se restringe en mayor medida, noviembre podría dar razón a sus números contrarios. En tal caso, no sería por la estadística que se retroalimenta: sino, por problemas reales, que están flotando como enemigos potenciales de una tendencia. Tomar el camino con la mesura necesaria.
No está de más.

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