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Era día de confirmación del «acuerdo» por el FMI, especie que pareció ser «festejada» nuevamente -aunque era ya casi una noticia vieja-, pero la sesión salió chamuscada como el resto de los mercados. Se perciben los focos de intranquilidad que recorren las regiones, todavía fresco el atentado en España. Se le sumó la enorme tirantez creada por la ofensiva israelí, con promesas de revanchas inmediatas, y un mundo que tiene un ojo sobre la economía y otro sobre la seguridad de cada país. No es terreno fértil para que crezcan radicaciones de capital, salvo en la vorágine del corto plazo, y que tanto coloca, como quita, con total premura.
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