La Bolsa nuestra es chica, pero el daño ha sido bastante grande. No tomó las primeras planas con títulos catástrofe, porque se trató de una degradación paulatina primero, que se aceleró en mayo en conjunción con la caída de mercados mundiales, y frente a las diversas turbulencias amanecidas donde los centros de la Fed y de la China.
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Quebrados algunos límites que parecían inamovibles, lo demás fue resultado de un retroalimentarse del ciclo en baja y lo clásico de estas situaciones. La fuerte caída en la capitalización bursátil global, junto a la merma en los saldos de las carteras institucionales -como AFJP-resultan las aristas más visibles y ponderables del quiebre sufrido. Lo que queda en el anonimato son situaciones personales que se han visto tremendamente perjudicadas, en la zona donde se potencia la ganancia, pero también el riesgo.
Y cuando se habla de Merval de 900 puntos, se debe pasar a moneda más constante el índice para hacerlo cotejable con el pasado. La realidad de dividir casi por tres, en dólares, nos sitúa en un indicador de solamente 300 puntos, y esto es haber bordeado nuevamente, la zona posquiebre del boom de 1992. Parece increíble haber dado semejante vuelco, cuando el año se había iniciado con numerosos consejos de analistas y consultoras que involucraban a las acciones como una de las alternativas preferidas para la colocación de capital en 2004. Claro, siempre con el tipo de pronóstico donde se suponen condiciones que no varíen: a partir de una condición favorable. Pero, ignorando que si algo no puede ofrecer nuestro medio, tampoco el mundo actual es un escenario de estabilidad y de confiabilidad. Tal como suponer que la economía seguirá poseyendo saldos favorables, imaginando que los valores de aquello que exportamos, o la deuda que no pagamos, mantendrán el mismo perfil a través del tiempo. • Posiblemente haya sobreactuación de la baja, producto en buena medida de una presión correctiva que se fue dilatando en estos meses, que hizo estallar las válvulas y que se lanzó como un torrente. Hoy, todo se sumó en aleación contraria. Se sabe que habrá menor crecimiento, por la crisis de energía. Que las empresas no saben cómo les tocará la ruleta rusa de la provisión de energía, que el recato de China hará caer precios de muchos productos y materias primas. Y, en la Bolsa, que conseguir adeptos para tomar posiciones después del gran desastre bajista, solamente deberá partir de algunas manos fuertes, y rezando para que esto no llame a un reverdecer de vendedores. Decantado firmemente, es una realidad del mercado. Pero existen muchas dudas por delante: acerca de si habrá estímulos positivos, que avalen una recuperación sostenida.
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