Un intento fallido, el miércoles, queriendo ir directo a un accidente bursátil, olvidando las conclusiones de un piloto automovilístico -Mouras-que aseguraba: «La mayoría de los accidentes en carrera se producen cuando el piloto quiere ir más rápido que el auto...». Siempre lo llevamos como consejo de cabecera, aunque no pertenezca específicamente a la temática bursátil, pero es fundamentalismo puro, netamente aplicable a nuestra actividad. Y el miércoles, el mercado se topó con un «lomo de burro», después de acelerar para que el índice Merval corriera, y fue a parar a la banquina, viendo su orgullo embarrado. ¿Qué pudo haber sucedido? Lo que decía Mouras: los operadores apretaron de tal modo que olvidaron las posibilidades del vehículo bursátil actual: no había motor, no existían caballos de fuerza debajo del capó, porque la demanda dejó de aparecer en cuanto vinieron las primeras órdenes de oferta. Lo que tenía perfil de ser 3% de alza, quedó en el cierre humeando en el Merval y apenas salvando la cota del cierre anterior. Por quererlo todo, de modo apresurado, se perdió el «de a poco» que tal vez se lograba. No fue más que una rueda, de la que nadie se acordará pasados unos días, pero la rescatamos como figura de aquello que no se debe intentar en los mercados so pena de recibir penalizaciones. Y también quedó en claro el «vuelo de la perdiz» que posee la tendencia actual, donde los vendedores sólo se apartan para que la plaza mejore un poco, y vuelven. Y los que tienen el buen olfato de tomar posiciones en los peores momentos de una baja son después los que salen a realizar la diferencia sin titubeos, buscando algún dos, tres por ciento, como para salvar «de a puchos». Tiempos que resulta bastante duro asumir. • Pensamos que en esa fecha se quería sacar partido accionario de lo que titulaban los diarios de la mañana, respecto de cierta suba en bonos locales, mientras se suponía alguna mejora en la oferta a los acreedores. Esto último no significa que los que esperan acepten la supuesta mejora que se lleva, es como las otras: una intentona unilateral del país por imponer sus condiciones, como si fuera el violentado y ofendido en sus derechos. Si se jugó a eso, duró bastante poco el entusiasmo, para cerrar con una rueda totalmente aplastada en su cierre. Con algo más de caudal que el pasado lunes, aunque no para resistir ningún embate por tomar ganancias. Había indudable búsqueda, apresurada, de querer cerrar mayo con el Merval recuperando sus simbólicos 1.000. No se está lejos de ello, tampoco tendrá ningún significado extra más que el simbólico, pero lo que no se debe perder es la forma, por ir en busca del fondo.Al momento de salir esta columna, ya mayo estará por apurar su rueda final. Término de un mes complicado, al que conviene revisar para extraer conclusiones y no repetir errores. Que junio viene movido.
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