La gran incertidumbre por el abastecimiento de energía. La alternativa, las que la tienen, de pasarse al combustible líquido a un costo muy, notablemente, superior. Y el traslado de ese costo al producto, resulta un « triángulo de las Bermudas» donde muchas sociedades -fuera de las poco privilegiadas, que pueden hacer contratos en firme-están temiendo caer. Y cuando se habla de tales contratos con las proveedoras de gas, no es que cualquiera puede realizarlo por el total que precisa. Para medianas y pequeñas la mesa les queda del lado desfavorable: le pueden brindar un convenio de ésos, para cubrir la mitad, la cuarta parte de lo precisado. El resto es cruzar los dedos, acudir al mercado «spot» -donde ya la tarifa es más alta-o pasarse al « fueloil» y ese cambio de precios que los industriales no habrán de absorber: irá a engrosar el precio final del producto. Allí se abre otro panorama, porque depende en qué medida el producto esté expuesto a la entrada del importado. Si la exposición es alta, el riesgo de subir el precio puede significar perder franjas de mercado. Ahora, si tal producto tiene ganado mercados en el exterior: lo mejor será que se respeten los pedidos, aunque se cambie el dinero sin margen, antes que fallar y perder ese contacto que no se rehabilita más.
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No, no está nada fácil la cuestión, aunque no se exponga crudamente en superficie. Solamente hablando con unos y otros empresarios, hay posibilidades de conocer una aproximación a la realidad. Y a las opiniones de los que, públicamente, suelen mostrarse de acuerdo con toda medida oficial: por temor. Una situación que habrá de repercutir en esos costos, que puede fabricar un pico de aumentos de precios finales, y que hará asumir erogaciones de producción que no se tenían antes. • Todo esto llegará a los balances, a modo de números, posiblemente ya en los cierres de junio se podrán notar en varios de los rubros y en quienes recibieron más intensamente el problema. Que habrá de extenderse, mínimo, hasta 2005 y que no se llega a solucionar ni dando vacaciones, o haciendo paradas de planta en medio del invierno -que está en los planes de muchas sociedades, para tratar de eludir parte del problema-pero, siempre, con ese halo de gran incertidumbre: por no poder cuantificar cómo será la erogación de más, o si tendrán que decrecer en la producción. Un tema, la crisis de energía, que se fue reemplazando en los medios por ese sainete de la Nación y la provincia de Buenos Aires: que casi parece reeditar el viejo entuerto de « unitarios» y «federales», pero al revés. Todavía hay que pasar el invierno -más cruento que aquellos de Alsogaray-y esperar los puntos más álgidos, para ver de qué forma se atraviesa esa oferta insuficiente de gas. Puede haber ya muchos problemas, que no se llevan a la difusión, con tal de que no se los acuse de « sinvergüenzas» y procurando no irritar al león.
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