El viernes no actuaba Wall Street, en homenaje a Reagan; era una fecha para comprobar nuevamente dónde se encuentra la base de capital disponible en el ámbito local. La lectura de esos montos volvió a la zona roja. Apenas $ 11 millones de efectivo, menos de 4 millones de dólares, es estar otra vez en el fondo del pozo. La última vez que había pasado de estar funcionando a solas, el monto transado había estado en torno de los $ 25 millones. Que, dijimos en ese momento, resultaba para el elogio ya que, comparativamente, era superior a lo aguardable y mejor que cuando esas ruedas trabajan con circuito completo. Casi sin actividad, ese viernes el mercado encontró una forma de aposentarse para detener su caída libre. Después de cabecear levemente, pudo aferrarse a la marca Merval del día anterior y despedir la semana sin nuevos daños. Es que la plaza está más rasguñada que el arquero de Boca, pero en su caso hay no uno, sino varios jugadores que le clavan las uñas a la tendencia. Todo en ebullición, nada por resolverse, el país vio de qué modo se atraviesan los períodos como dejándose llevar. Y cuando se rema firme es para acometer contra alguien y considerarse un gobierno atacado. Una pérdida semanal cerca de 5%, un punto más que el también conflictuado Bovespa, mientras el Dow lograba 1,6% de mejoría. Otro saldo triste, no por la baja de precios, sino porque a nadie le interesa el mercado, aun con una corrección fuerte y perforando los 900.
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Se hace así muy difícil hablar de la Bolsa actual, que ensaya una fastidiosa repetición de imágenes y falta casi siempre uno de los protagonistas -la demandaque no se sube a la inversión, por más que se quemen etapas bajistas. Parece mentira que unas ruedas atrás estábamos relatando un Merval al que poco le faltaba para retomar la zona de los cuatro dígitos.
Ahora, todo el camino desandado nuevamente y otra mella en el ánimo de los cada vez menos entusiastas que puedan quedar.
• No parece importar el tan tradicional valor de los activos, ni los paquetes medidos en dólares o la cotización global de esos «fierros» puestos en la venta. Es como si el inversor se hubiera perdido de vista, como los dinosaurios después del meteoro, dejando el mercado a expensas de un «trading» que termina por jugar contra su propia plata, ante la carencia de dos fuerzas más o menos parejas. No se culpe a nadie de esa suerte; tampoco la Bolsa tiene nada que ver, mucho menos los que no desean entrar en una inversión de riesgos naturales, potenciados por el contexto político y económico. Se ha conseguido, vía los disparates de los sucesivos gobernantes, lograr aquello que los recalcitrantes han pedido durante toda la vida: que no haya « especulación» en los mercados. Ni en lo financiero ni en lo bursátil. Y falta el vital elemento, sólo quedan palabras, luces, terminales... y el vacío.
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