29 de junio 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Se está viendo de modo más nítido que no todo pasa por el simple cotejo de índices de actividad industrial, o de confianza. Ni tampoco por una baja inflación. Con los recaudos que se deben tomar para recibir tales números, que están bajo el dominio absoluto de los propios interesados en mostrar bonanza, lo que rodea a los indicadores está cobrando cada vez más protagonismo. Esto es, el escenario vivo, los sucesos sociales y la relación de éstos con la actitud de los que deben ajustarse a las premisas contenidas en las leyes, y no lo hacen. ¿A quién no le dio la sensación de que estamos ingresando en una segunda fase de la denominada «protesta»? Muchos focos dispersos de gente tratando de hacer justicia por mano propia, agresiones a blancos fijos que se eligen, y ejecutan, con total impunidad. Si dicen que hasta el impasible Lavagna se está mostrando preocupado, imaginemos en qué temperatura actual está la situación. Bien se apunta que tratar de recrear inversiones con tales señales resulta apenas un sueño utópico de funcionarios. Lo que hay que aguardar es lo inverso, que existan grupos empresarios con deseos de emigrar, de un país que no es capaz de resguardar la simple «propiedad privada». Hoy puede ser un edificio público, mañana una sociedad extranjera, pasado una comisaría, o el propio Edificio Libertador. El monstruo que incentivaron ya tiene conducta ingobernable y el ritmo de crecimiento es casi geométrico. En la práctica, casi hay que reconocer que coexisten cuatro poderes en la dirección de la Nación. Y el último de los que se agregaron es el que más poder, también en la práctica, ostenta. Simplemente porque los otros tres miran.



Sería una trivialidad decir que el mercado bursátil se desinfló en la semana pasada, porque estaba alterado por tales cuestiones. No lo está de modo directo, pero como caja de resonancia que es, y con esa sensibilidad que posee, la intranquilidad le va llegando y lo invade desde afuera hacia adentro. Podrá suponerse que la vuelta de China traerá informaciones magnificadas y con la creencia de poder neutralizar a las malas novedades locales. También puede ser que se apliquen algunos pesos bien distribuidos, como para demostrar que los mercados han recibido con cierta euforia eso que se traerá de China. Y ya que somos el país de las ideas fantásticas, se difunde la búsqueda de asociarse, con todas nuestras penurias y limitaciones naturales, con el que resultará una nueva gran potencia mundial. No vamos por menos: queremos hacerle llenar a China la solicitud de «socio» de la Argentina. Pero no estamos en condiciones de asegurarle condiciones para invertir y producir a ninguna empresa radicada. Los chinos para desaguar el precio de la soja, demuestran que la viveza occidental ya la tienen incorporada. Después del viaje, los funcionarios hallarán este complejo escenario: un baño de realidad, que bien les viene.


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