En estos días nos dedicamos a realizar varias de nuestras columnas, hablando de distintos aspectos del siglo y medio de historial de la Bolsa de Comercio. En algunos párrafos no ahorramos puntualizar las que -nos parecen-resultaron estrategias que no proveyeron de la hora más gloriosa a la entidad: y, en cambio, marcaron un sesgo inconveniente. Hoy, queremos dejar con saludo y dedicatoria estos «cupones» -a las autoridades y socios de la bolsa-y rendir homenaje a una entidad que comenzó en momentos muy difíciles. Que se basó en el entusiasmo, más que en una derivación de riqueza, y concretó importantes aportes a la sociedad toda. Encabezando movimientos por una paz que estaba en delicados pasajes en la vida política del país, haciendo punta -colocando y difundiendo-varios « empréstitos» que la raída situación de la economía imponía a los gobernantes. Que atravesó capítulos de auge desmesurado, seguidos de derrumbes que pusieron en peligro la propia estabilidad de todo el sistema, como en 1949. La historia de la Bolsa de Comercio es sumamente rica en episodios positivos, no tratándose simplemente de un raid alcista de las cotizaciones. Que perdió el calor de lo popular, es un hecho a ojos vista. No de ahora, sino que fueron quedando apartados de la inversión componentes de una generación y que forjaron ese «eslabón perdido», desenganchado, como para que el sistema hay quedado dentro de una reducida reserva: en medio del sector financiero del país. Citar los muchos avatares que soportó del contexto, del escenario alterado en nuestras páginas políticas y económicas, requeriría varias columnas. Pero, en tanto hubo horadación por lo que venía de afuera, no se pudo plasmar una «sociedad bursátil» capaz de continuar con la seducción por el sistema. Ni siquiera ante los problemas profundos que se vivieron hace poco, donde todos parecían fallar en responder a los compromisos: y la bolsa quedó como la gran triunfadora, de honrar lo escrito y la palabra. Hay como un invisible muro, que separa a la Bolsa de la gente, del inversor individual, sin saberse bien en qué recodo de la historia -o en varios-se quedaron automarginados de la inversión. En todo caso, no vale armar hipótesis sobre ello ahora, sino asociarnos a la conmemoración de estos primeros 150 años de actividad y hacer un brindis, en la fiesta del ambiente, por aquellos 118 que decidieron construir una Bolsa de Comercio, en 1854. Y atreviéndose a pesar del intento fallido de 1821 -la Bolsa Mercantil, todavía fuera de tiempo-y cuando pudo arrancar ya nada la pudo detener, eludiendo ciertos períodos donde se la hacía responsable de toda insatisfactoria una de economía, o finanzas. El ingreso de nuevas especies a la cotización, etapa que se quiere apuntalar, y autoridades que desde la función gobernante se animen a incentivarla: le pueda dar otro brillo.
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