20 de julio 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Ni positivo, ni negativo: el período anterior solamente debe calificarse de triste. La profunda tristeza que es capaz de transmitir un mercado que se debate en la soledad de capitales y juega al día por día, para complacencia de unos pocos adherentes. Muchas veces opinamos sobre esto y nos ratificamos: es preferible ver una tendencia floja, que se sincere hacia abajo buscando la línea de corte fluida antes que verla agotarse en un intento por cubrir los horarios con un paquetito de órdenes que no deja huella. Hechos de preocupación, de violencia explícita y sin sentido, son atenuantes dentro de esa rueda del viernes que pareció mostrar sus temores en un arrugarse de negocios antes que en sus precios. Mostrando, por su flanco más sensible, que el contexto sigue sin ser propicio y que impera en el país un escenario que es francamente negativo, para poder alentar a un mercado como el bursátil. Acaso esa rueda pueda nuevamente quedar en el olvido, en cuanto se suba el volumen, pero no es tan sencillo dejar de contar con ella: agregando otro testimonio en el año sobre las falencias de negocios en que se debe intentar operar la plaza. ¿Cómo imaginar cualquier mercado sensato del mundo que deba estar transando su riesgo, mientras se muestran las imágenes de un asalto medieval a la Legislatura de la capital del país? ¿Cuánto debería caer cualquier plaza razonable, frente a hechos tan significativos como ésos?

Se dirá que en nuestro medio, la fuerza de la costumbre hace que tales hechos pasen solamente como uno más. Pero no es tan sencillo de asumir cuando de invertir algún dinero se trata. Y menos en una bolsa. Puede que estemos galvanizados por esa costumbre donde lo irracional no tiene castigo, ni los delincuentes límites. Pero tiene que existir un hilo conductor entre lo triste de la rueda del viernes y lo que sucedía en nuestra ciudad, apenas a unas cuadras del recinto. Se podrán ganar algunos puntos en unas ruedas, perderlos en otras, obtener algún saldo positivo en las marcas de una semana, pero dentro de una tendencia deshilachada, que no puede hallar un sostén de donde asirse y afirmar sus pisos. La tómbola diaria podrá decir que alguna vez se retornará a los 1.000 puntos, pero también podrá evidenciar una caída debajo de los 900 puntos. Quienes apuestan a tomar posiciones en este escenario, más allá de los simples jugadores de ocasión, deben tener espaldas bien anchas, como para atravesar las inclemencias y remitirse a soñar con otra orilla, que no se sabe a cuánto está de la mitad del río actual. Y olvidarse de lo que pueda ocurrir en un plazo perentorio. Seleccionar activos, protegerse con empresas que seguirán estando, a pesar de los avatares de nuestra vida política y económica. Operar en estar condiciones, digiriendo todo tipo de sucesos adversos, es solamente para los que tienen un norte definido, con plena convicción.

Dejá tu comentario

Te puede interesar