29 de julio 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

El mercado tomó por la opción de destrabarse, eludir la barrera y buscar abajo al comprador. El dibujo del lunes pareció el apropiado, antes de seguir fastidiando con unos lamentables cuatro millones de dólares por rueda. Hubo un problema, siempre hay uno en nuestro escenario nacional, y es que se venía de todo: el show de la ida de Béliz, las declaraciones del ex funcionario que prendía una mecha a lo largo del gabinete gobernante, y un nuevo episodio de la triste historia que nos toca vivir. Si bien lo demás era sabido de antemano, que se saldría oficialmente a cortarlo por la mitad, la primera rueda semanal tenía de alguna forma que reflejar el estupor general.

Y ahí es donde se arma otra madeja, para tratar de discernir si es que la Bolsa hubiera actuado del mismo modo sin lo de Béliz, o si hubiera seguido porfiando en su mecanismo trabado. En fin, quedará sin definirse demasiado, aunque el pasar de las jornadas nos impondrá de alguna claridad al respecto.

Si algo le faltaba al show de la política, era una tanda. Y el aviso apareció el lunes mismo. Una suerte de homenaje a la declaración del default de Rodríguez Saá, con todo el Parlamento festejando jubilosamente.

Uno supone que tener que declarar semejante cuestión, es para lamentar y entristecer: que si se llega a ello por imperiosa necesidad, por supervivencia, se puede justificar. Otra cosa, es aplaudir a rabiar.

La Argentina estuvo tantas veces en situaciones muy comprometidas, pero no tenemos registro de que se hayan repugnado compromisos internacionales como si fuera un gran logro, para enorgullecerse. Todo lo contrario, posteriormente se buscaban soluciones, se negociaba, se repactaban compromisos. Es una muestra más de estar viviendo tiempos donde los principios se colocan de cabeza. Y donde alguien que pasó por la máxima función, es reivindicado mostrando tal tipo de «hazañas».

Hora, tras hora, para volver a preguntarse sobre qué terreno estamos parados, y en qué tipo de material poroso se debe intentar asentar una reversión de tendencia. Cualquier destino le cabe a la marcha del
Merval, con semejantes referentes. Y lo que consiguió el lunes, de salir de sus ruedas engranadas y elevar las órdenes, debiendo ceder en sus pisos, es lo único que suena a sensato dentro del concierto de hechos insólitos que se le acumulan alrededor, como si fuera un «volquete» al que cada uno le tira lo suyo, desechable.

Se verá hasta dónde deberá ajustarse esa línea de corte entre oferta y demanda, para que el mercado mueva cifras que lo representen.Y que convaliden las cotizaciones con montos apropiados. Es la gran misión de estas fechas finales de julio, encontrar -donde se pueda y como sea- una vía alternativa para salir del dique seco. (Si se puede, con los males que se deben asumir.)

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