Apareció una «señal de vida». Esperando a ver qué sucedía, después que el viernes marcaba una debacle llevando al Merval a la zona roja de los 930 puntos. Allí no había mucha alternativa: o se generaba el rebote salvador, colocando otra vez distancias con un piso inferior peligroso, o el mercado iría a buscar otras profundidades, hasta encontrar al comprador interesado. El lunes pasaba de largo, por el feriado, y el martes la plaza insinuó querer ahondar la caída hasta llegar a mínimos de 926 puntos... Y el rebote sobrevino, puntual. Como varias otras veces, en un año donde fueron más las instancias de estar en riesgo serio, que de disfrutar de alguna paz. Al final, se produjo una escalada a los 940 puntos casi, concluyendo en 938. Nada se solucionaba de fondo, siempre proclive a ser víctimas de toda brisa que pase cerca del recinto (y de las terminales). Pero como con tan poco debe conformarse en estos tiempos el adherente bursátil, resultó como una alegría comprobar que el paciente sigue en estado delicado, pero conserva sus signos vitales y responden a ciertos estímulos. Un estímulo comprobado con la reacción resulta el de amenazar con ir a un índice merodeando la centena inferior. En la rueda del martes, la diferencia no llegó a ser ni de 0,5% positiva, después de suturar la baja, pero el Burcap y las empresas más pesadas en capitalización se anotaron como una novedad favorable. Porque en ese otro índice paralelo al Merval, con otras participaciones ponderadas, la diferencia fue más del doble que el indicador más popular: 1,06%. Apoyado en que las dos acciones de mejor rebotar fueron Tenaris y Telecom, junto a la muy buena performance de Solvay Indupa y su 3 por ciento, el poco consultado Burcap también dijo: «aquí estoy vivo»... El volumen no aportó mucho, apenas $ 25 millones y en retroceso. Característica que también persiste y que no llega a corroborar una suba sostenida de precios. Cuando el mercado trepa en cotizaciones, los volúmenes se encogen. Y donde aparecen bajas, hay caudal excesivo para poder asimilar (o una demanda inexistente). Y allí se continúa jugando el match bursátil porteño, prestándose el balón en medio del terreno, en una secuencia dilatada aburridora. De la que no conviene quejarse, porque en la Bolsa -como en todo- «siempre se puede estar un poco peor». El tiempo pasa, los problemas de fondo en el país no se definen, ni se solucionan, la Bolsa busca adormecer la tendencia y la energía está dedicada a corregir, cuando la caída se hace contagiosa en carteras que están dudando si salir a vender o esperar un poco más. Novedades dispersadas esa mañana hablaban de una detención en el ritmo industrial, que se fue a formar fila con otros índices -como la bajante en granos- y el riesgo de apelar a dejar subir el dólar, para suplir con retenciones lo que se pierda. Inquieta.
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