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Y la Bolsa... nuestra Bolsa. También funciona como espejo de un país precario, atado con alambres y que ruega por condiciones imprescindibles. Parece el mercado estar sujeto a que la oferta sea benigna, a que la tasa de Estados Unidos no suba, a que los clubes de acreedores avalen esa gran campaña publicitaria interna, donde se dice que casi todos acatarán mansamente. Cualquiera de los rubros imprescindibles que se vaya de marco, al diablo se van las pretensiones del Merval y su incursión por alturas que tienen avales sumamente endebles. Estarán en tanto y cuanto todo luzca bien.
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