25 de julio 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

No muchas veces, por no decir pocas, hemos visto cosa por el estilo. Como son esos ataques de demanda en proporciones inesperadas y cuando se provenía de ruedas muy comunes, seguidas de otras de parecido tenor. En el medio, queda en un marco el total de tres dígitos y que se repitiera dos semanas consecutivas. A modo de zarpazos, se suben las revoluciones del mercado y cuando todos quedan expectantes, esperando una prosecución, las luces se bajan, el ruido se apaga, todo va retornando a la media sombra de tantas ruedas en el año.

Pero, algo más se puede decir de esas explosiones periódicas. Y es que no generan -ya lo hemos marcado- una relación en los precios, respecto del ritmo que llega a tales alturas. Son diferencias que bien podrían haber resultado de fechas, con la mitad de ese nivel de negocios. Ergo, los tres dígitos se formalizan desde las dos fuerzas: al ingreso de gran demanda se le opone una corriente vendedora de gran magnitud y acaso teniendo que mover $ 100 millones de efectivo, solamente se marca con 1,5% la diferencia en el Merval. Hemos visto bastantes años de Bolsa a estas alturas -digamos, unos 35 años- y casi habiendo observado todo tipo de movimientos y gráficos. Pero parece que siempre queda algo más por ver, como lo que sucede cuando las ruedas anteriores y posteriores no se sitúan dentro de la órbita de una sola, que adquiere un enorme brillo. Pero es estrella fugaz...

No existe otro hilván posible que el ya comentado, en lo que hace a tener que comprobar la situación de los pisos del mercado, después de cada flujo y reflujo de la marea alta. La gran ola que ingresa a la playa (como le gustaba describir a Charles Dow) y que fija la marca en la humedad de la arena. Después, una ola mucho más corta y sucedida de una tercera, que queda tan distante de la primera. Como para pasar, en un par de días, a tener hasta sesenta por ciento menos de órdenes.



Cuando los dos equipos, de «toros» y de «osos», se disponen a jugar un clásico a toda marcha. Y después se dedican a enfrentamientos rutinarios, como de entrenamiento. He ahí la cuestión: el ser o no ser de estos días, es esperar un cambio de marcha violento, seguido de frenos que se clavan y cubiertas que humean. No es para nada ortodoxo el dibujo, al menos en superficie, aunque por debajo se puede establecer -quizás- que existe un patrón fijo y que apunta a una dirección: en este caso sería al crecimiento.


Se hace más difícil la madeja, porque hay que incorporar los imprevistos, toda esa fábrica de novedades con que nos sorprende el escenario nacional casi a diario. Y puede que una de ellas distorsione una dirección o un destino prefijado, llegando a conclusión equivocada por una variable ingobernable. Está divertido el mercado (al menos, para verlo de afuera).

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