29 de julio 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

... Y como suele suceder en medios como el nuestro, donde las novedades se van pisoteando unas con otras y las primeras van quedando debajo de la pila, el tema que gira en torno del Banco Hipotecario -sus directivos-, la CNV, el Ministerio de Economía, por el momento va ocupando espacios en los medios. Habíamos dejado pendiente, para tomar otro enfoque a lo que es pública acusación y defensa entre los involucrados, el «deber de informar». Una cláusula fundamental para que se cumpla con la tan mentada transparencia, y calidad informativa para los inversores bursátiles. Y en base a ello, la esencia de la controversia con el Hipotecario tomó cuerpo. Si una compañía, cualquiera, organiza dar un paso de cierta trascendencia -como adquirir otra sociedad- y lo informa, habrá un inevitable efecto sobre el precio de sus acciones. Posteriormente, si lo planeado se frustra, también se genera un efecto: seguramente, contrario al primero. Si alguien relacionado directamente a la compañía saca partido prematuro de ambas informaciones -compra supuesta y frustración- incurre en la figura del «insider trading». La utilización de «información confidencial», en beneficio propio y en desmedro de los inversores que reciben la noticia posteriormente. En Bolsa, un delito mayor, acaso de los más legislados para atacarlo en todas partes del mundo. Tan difícil de extinguir, como difícil de probar por los organismos de control. Es un tema que se presenta con bastante frecuencia.
 
Lo de Danone, en Francia, encaja bastante más que lo del Hipotecario, con tal mecanismo. En apariencia, se trató de una versión echada a rodar, para extraer diferencia de mercado directa, en la compraventa de sus acciones. El suceso local viene muy enroscado, como son nuestros sucesos actuales. En apariencia, una trilogía de intereses privados y estatales -en el capital del Banco- y una compra intentada del BNL: no fue versión inventada. Y, según se menciona, tal operación fue «bochada» desde Economía (vaya a saberse por cuánto entuerto interno, presente y pasado). En tanto, entre la intención de compra y la caída de la misma, el efecto sobre la acción respondió a la lógica: subiendo fuerte. Pero, la norma de poder distribuirse honorarios directivos, según el papel, en Bolsa supere cierta cota: activó la misma. Al menos para nosotros, tal tipo de reparto resulta inédito. Y el ángulo principal desde donde atacarlo, pasa por ser objetable el ligar la retribución al precio de un título cotizante que es esencial o volátil. Y que puede, o no, representar valor. Susceptible, además, de poder acusar toda inducción en las dos direcciones, naturales o artificiales. No suena a razonable una cláusula como ésa y, menos, por el referente que se toma, totalmente subjetivo. El verdadero lío es comprobar hasta dónde se convierte en delito.

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