2 de agosto 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Dirigismo, de la más pura cepa. Todo se va imbricando de un modo que estará finamente tallado, dejando de lado lo de corto alcance. El tono casi sensiblero con que se solicita « ayuda», «acompañamiento», el haber pasado por un plebiscito lo que era simple elección legislativa. De última, reflotar lo que se había mencionado hace un tiempo y, después, parecía en el olvido: saldar la deuda con el FMI. Que lleva la doble lectura de jugar a la independencia, como también a «no quiero que metan las narices en mis números». Hacer y deshacer, a gusto y placer, con un fuerte respaldo político detrás. Dos columnas para poder practicar «dirigismo» y dejar surgir el verdadero esqueleto de un presente sin planes, a pura improvisación en muchos aspectos de coyuntura, pero no de mediano plazo. En medio de todo, poder «vender» el modelo popularmente y no privarse de insertar falacias que ayuden a forjar el ambiente necesario. Como decir que se está como estamos por las políticas del Fondo, cuando cualquier resumen a mano alzada puede comprobar que nuestros gobernantes firmaron cualquier tipo de acuerdo, para después hacer lo que les dio la gana. Hasta estar en otra encrucijada, volver a poner la firma a ciertas condiciones, y reiterar la propia voluntad para hacer desaguisados al trote. Pero siempre viene bien crear la figura de enemigo y agregar luego que nos vamos a despegar de quien fue culpable de todos los desastres.

En una sociedad que está dada vuelta en muchos de sus aspectos, proclive a devorarse cualquier especie, puede que la figura proyectada esté tomando forma de manera acelerada. En la larga lista de «iluminados», capaces de resolverlo todo con sus solas ideas acerca del tipo de Nación por fabricar, ninguna oposición tuvo nunca ningún papel preponderante.

La instauración de un plan muy bien orquestado para llegar en breve al verdadero objetivo que subyace es lo único capaz de explicar una enorme nómina de hechos y actitudes que suelen desconcertar, irritar, asombrar, si se las toma como eslabones sueltos basados en el presente. La formidable «multa» a empresarios colabora al mostrarles qué es lo que puede venir detrás, para que pongan las barbas en remojo, desde ahora. La extrema voracidad estatal que no solamente aparece como un justo «reanudador», sino en algunos casos en un real « socio» de las ganancias empresarias explota una veta donde nada arriesga, pero se queda con porciones suculentas y las dilata a voluntad.

El dirigismo, mucho más intolerante que ahora, si después de octubre alcanzó el objetivo. El que no quiere que ningún auditor externo revise sus números, aunque deba tener que liquidar deudas que son de las menos opresivas. El no resistir críticas de nadie, solamente atrincherados en sus propias ideas, augura tiempos difíciles para la iniciativa privada.

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