18 de agosto 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Todavía es prematuro para que desde esta columna extraigamos conclusiones acerca de la tanda de balances arribados por los trimestres a junio. Alguien podrá decir que ya lo ha realizado, teniendo en cuenta la difusión de los estados contables esquematizados -que aparecen en el boletín de la Bolsa de Comercio- y con la costumbre de reunir las líneas finales y determinar: aquéllas vinieron ganando; aquéllas otras, perdiendo..., y listo. No nos parece tan sencilla la tarea, de donde suelen desprenderse bastantes falsas conclusiones, porque el modo de poder sopesar esos balances incluye leer las reseñas que entregan los directivos, darle un vistazo a lo que estiman de perspectivas, recorrer los cuadros de resultados y partiendo de lo fundamental: las ventas, el margen bruto, el saldo estrictamente operativo. Recién al poder ir desplegando uno por uno, podremos arribar a una visión bastante sensata de aquello que ha venido por el primer semestre del año.

Días atrás, ya pudimos extraer cuestiones adicionales, a través de recorrer el balance de Ledesma y el hincapié -más las presentaciones- que realizó respecto de la insólita medida que se continúa sosteniendo, al aplicar gravámenes sobre los números históricos de las compañías, desconsiderando una presencia que ha ocupado primeros planos en el país: la inflación surgida.
 
Tirando del carretel, podríamos imaginar, si la presión empresarial se hace más robusta, si se trasciende el vallado de la AFIP y de la voluntad política de Economía, para arribar a estrados judiciales superiores, en qué podría terminar este importante asunto. Recuerde el lector: el reclamo de Ledesma por los tres últimos ejercicios comprendía sumas de arriba de $ 71 millones, que considera más captada y hecha sobre ganancias «virtuales». Multiplicando el número y de sociedades en la misma línea, si surge un fallo superior favorable a los reclamos, los créditos fiscales resultarían una verdadera explosión para los números de las empresas (y un enorme disgusto para los recaudadores).

No imaginamos que se puedan poseer argumentos en contra del reclamo, más allá de la indisposición de los funcionarios para reconocerlo. Y la mejor prueba, mencionábamos, es que la propia
Corte Suprema fue en procura de que le ajusten el Presupuesto, por la incidencia de la inflación en los números pasados. Todo lo que se quiera oponer, como rebusque técnico, se derrumba ante la evidencia de que la inflación juega un papel cada vez más preponderante para «inflar» números de balances (y que la AFIP se lleve un regio postre adicional, injusto). Como los sectores empresariales van en procura de lograr otras medidas, como la protección, es como que dejan pasar de largo un tema bien discutible. (Ledesma y algunas otras igual luchan solas.)

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