Nos pasamos más de una década pregonando, oficialismo y gran parte de los académicos, que el dólar tenía que seguir anclado en el uno por uno. Ahora hay como un «tour» interno del ministro de Economía, inculcando que el dólar debe permanecer alto, en una relación de tres a uno. Así, con tanta facilidad cambian los libros de cabecera en la biblioteca de nuestra economía -con los políticos de turno en el poder, como bibliotecarios- sin que medien estados intermedios. «Aquello, nos llevó al desastre...», no se cansan de declamar los de ahora. «Con ésta política económica, aumentan la pobreza...», pontifican los de antes. La sociedad argentina debe acomodarse a los cambios como pueda, los industriales cambiar estrategias, los banqueros estudiar nuevos planes, el campo sembrando y quejándose, tanto de un sistema, como del otro. El uno, por no ser rentable. El otro, por las fantásticas imposiciones. Y el nombre que adhiere a los mercados de riesgo, tratando de entender hacia dónde va una tendencia que es tan resbaladiza y voluble, como los hacedores de las causas de base (la política y la economía).
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Queda en la nebulosa, para el común de la gente, de dónde surgen volúmenes de tres dígitos en una sola rueda, que antes y después tienen parientes lejanos en el cúmulo del día. El viernes algo más de $ 70 millones, el lunes $ 105 millones, para retornar el martes a casi el nivel del viernes, con $ 74 millones. El índice de precios, que es tratado como un chicle, justamente en esa condición versa -por ahora- su notable equilibrio frente a los sacudones de los negocios.
Si en vez de ser un chicle, se convirtiera en algo más rígido, frente a un aumento o descenso de montos como los mencionados: las cotizaciones saldrían por el parabrisas del mercado. Gran mérito de una oferta que volvió a medirse, y a calzarse prestamente, a la voluntad de una demanda advenediza. Que se quiere llevar todo por delante porque en una rueda se encontró eufórica, pero que velozmente parece asustarse de lo propio que generó. Tampoco en éste caso, como en la condición de chicle, hay que disentir demasiado. Menos mal que no aparecieron los «embajadores del miedo», los que van y van, en un par de ruedas estirando el volumen y -después-dejan al mercado tomado del pincel. Siempre tememos que ese toque de tres dígitos después quiera seguir por la escalera, creando el tipo de compromiso muy difícil de solventar. Mejor así, en todo caso, que los impulsos que no cuentan con seguridad de suministros suficientes se encalmen de inmediato. Y se retorne a una plaza con dos marchas menos, la que hace reaparecer la serenidad de decisiones. Dadas las condiciones, está bastante pasable lo hecho por nuestra Bolsa, aunque quede distante de los protagonistas mayores del año. No es fácil estar en una película argentina, eso la redime.
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