¿Qué mensaje envían los paneles al contexto que se está viviendo, impregnado ya del acto político de octubre? Por momentos, se entusiasman los que vienen sustentando la teoría -clásica, en tiempos como éstos- de que el mercado actúa positivamente en los umbrales electorales, contando con estímulos concretos de áreas oficiales. De esto se deduce que el oficialismo de cada momento histórico está sumamente interesado en que la Bolsa funcione de manera afín a su gestión. Como dando un apoyo explícito a través de sus cotizaciones y de su tendencia. A quienes ello sostienen les puede caer mal la realidad: en verdad, la Bolsa ya no oficia del tradicional rol de «termómetro», permanentemente consultado por la opinión política y -también- popular. Esto quedó ya para las reseñas históricas, donde se debe buscar últimos especímenes vivientes, en décadas lejanas. Esto no quita que, en tren de dispersar algunos dineros -costumbre de rigurosa moda oficial-, se puedan haber dispuesto ciertas posiciones en papeles bursátiles, con tal de que el mercado funcione sin el ceño fruncido. Pero imaginar lo otro, como el que aparezca una Bolsa floreciente, capaz de ser espejo de bonanzas y que ello se traduzca en votos, es como narrar una fábula de Esopo.
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Sucede, como siempre, que si alguna corriente posee adherentes que se pliegan a la creencia, el movimiento se robustece y se retroalimenta, en un curioso círculo del que no se sale y donde la especie creída empuja los precios. Y los precios le dan más eco y poder de expansión a las especies. Que cada vez se van adornando con mayores supuestas señales, acerca del incentivo para mover las ruedas.
Pero cuando hay zonas de luces apagadas, de volúmenes que no salen de la medianía, la teoría va haciendo agua. Y los que estaban esperando confirmación, a medida que se acercan los actos, ingresan a una zona de desconcierto. En realidad, hay frases de molde, resabios de la historia que se mantienen con vigencia.
Aunque aquello en que se forjaron se haya diluido con el tiempo. Respecto de lo político, la versión sobre «la Bolsa no se equivoca nunca» tiene sus muestras a favor y, otras, francamente en contra. Incluso, no es sencillo dilucidar a qué se refiere la «no equivocación». Si fuera por la decadencia del país, que es un sesgo bien remarcado, el único resultado ganador hubiera sido la tendencia bursátil, en contra de todo gobierno que hubiera salido electo. Porque la gestión terminó de mala manera, con las pruebas en la decadencia a que se llegó. En cambio, si es por cómo apostó el mercado y qué sucedió luego, se podrán encontrar muestras claras en contra -al momento de la elección que después se tornaron tendencias muy positivas. (Menem puede ser un ejemplo mayor, en el antes y el después de tal opinión bursátil). Lo mejor, no buscar fuegos artificiales, ni mecenas de cartón.
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