3 de octubre 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Decíamos que había que estar atentos, para cuando el «fantasma» de los tres dígitos pudiera estar hilvanando algunas ruedas consecutivas, en lugar de entrar y desaparecer de modo tan volátil como venía sucediendo. Y allí podía alcanzarse una racha de aumentos de cotizaciones, que no llegaban a concretarse con la sola aparición periódica de volumen. Podemos ahora buscar argumento favorable, al mencionar que gracias a la secuencia de la última semana, el índice concretó la llegada a los 1.700 puntos. Una meta que carecía difícil de lograr, vista desde una semana antes. Pero, en realidad, no se pudo verificar aquello que imaginamos. Y si unos suma lo que se produjo en órdenes, en solamente cuatro ruedas seguidas, esto no guarda relación con las subas que originó. Energía notable, como para advertir que en cuatro sesiones de acciones, se hizo monto negociado de unos $ 530 millones. Sin embargo, ninguna de tales fechas pudo agregar más de 1,5% a los precios ponderados. Inclusive, en la última reunión del mes se debió asumir una baja de casi 0,9% en el indicador Merval.

Si a uno se lo contaban de antemano, difícil era otro pronóstico que suponer que, con semejante nivel de órdenes, los precios debían verse con plazas «limpias», secas de oferta, saltando las agujas y con aumentos de importancia. No fue así, nuestra suposición estaba alejada de lo que se dio. Negarlo sería querer retorcer las evidencias, como para ganar una estúpida reputación de falsos profetas. Lo mejor es reconocer que hay una corriente vendedora de dimensiones iguales, o aun superiores, a todo el fuego comprador que se agregó hasta ahora. Disparando sin parar, la oferta siempre abasteció generosamente las posiciones. Y la fatiga llegó antes del comprador que del vendedor. La prueba: esa última jornada, donde después de alcanzar 1.725 puntos, al Merval se lo llevaron hacia atrás... casi a los empellones. Y la conclusión que se pudo extraer de la relación final del viernes es que la plaza quedó más para la baja que para el repunte.

Sí decíamos también, en el curso del mes y tratando de analizar el origen del «fantasma», que nos llamaba mucho más la atención que las compras en aumento: la oferta tan fluida y permanente. Lo que restaba la imagen de un mercado netamente alcista, arrollador en la tendencia. Más bien, resultaba siempre un mercado equilibrado en el tomar y en el dar, con una pasmosa elasticidad de las contrapartidas. Parejo con $ 70 millones, también parejo con $ 173 millones, y hasta bajista, cuando el volumen decreció en intensidad.

Resultó un cierre de setiembre sumamente divertido, con fuego de calibre, cruzado, a cara descubierta. Por oposición a ciertas fechas del mes donde debíamos apuntar que las ruedas parecían una «Bolsa-concert», solamente faltaban el viejo pianista, una mesa, una copa y un calor tropical.

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