De a unos $ 600 millones semanales, que resultan más de 200 millones de dólares redondeados, es un ritmo impresionante. Mes de cuatro semanas, proyección cercana a $ 2.500 millones. Pero estamos a poco más de una semana del polemizado acto electoral, y hay muchos que suponen que la «beneficencia» oficial no solamente se mueve por barrios humildes. Que todo esto que se observa, el gran ruido de negocios, pertenece a una corriente con neto incentivo. El tema lo tocamos oportunamente, el circuito que se retroalimenta de los que están convencidos de ello, también. De todas formas, no está de más incorporar toda posibilidad, porque la pregunta que gana todos los ámbitos -¿qué sucederá con la política por seguir después de las elecciones?- puede muy bien caber en el ámbito de lo bursátil. Lo que es cierto, hasta ahora, es que existió un frente de oferta lo suficientemente robusto, como para no permitir que con tal velocidad de volúmenes se produjera una suerte de «boom» accionario, capaz de asombrar. Si hubiera que seguir el hilo conductor de una compra «ayudada» oficialmente, debería decirse que, entonces, la «oposición» se ha puesto en la vereda de enfrente. Y que las ventas, harto generosas, también recibieron una «ayuda», pero desde el ángulo opuesto. Difícil de congeniar una de las hipótesis, amalgamar las dos, ya resulta una fantasía. Con lo cual se retorna al punto de partida y se eliminan teorías «corporativas», o «desestabilizadoras», no se piensa en un mercado «cartelizado». Tomemos la realidad tal como vino. Aunque dejando en pie alguna respuesta tentativa sobre el período detrás del acto electoral. Porque si existe reafirmación de políticas o bien, si se abandona el principio distributivo y se procede a lo que se llama «ajuste», como para colocar ciertas variables en caja, los efectos de una u otra forma se harán sentir en la tendencia. Lo expansivo favorece, en cuanto a liquidez asegurada para el mercado y que los $ 600 millones semanales se conviertan en hábito con su permanencia. Por otra parte, una economía a la que se considere desaforada en gastos y repartos puede crear muchas dudas acerca de cuánto pueda durar.
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En la otra hipótesis, de un «ajuste» variando de manera drástica el manejo muy alegre de los fondos públicos, deriva en una «contracción», y ésta figura es problemática, para asegurar abastecimiento al mercado bursátil. No es sencillo readaptarse a ver ruedas donde los negocios dan apenas para un par de horas en serio. Lo que puede equilibrar la balanza pasa por un razonamiento que el cortoplacista no tiene referido a que esto pondría al país en un camino mucho más de sabia «hormiga», previsora, que de festivalera «cigarra», gastando a cuatro manos. Este tipo de argumentos queda para los que arman carteras para cierto plazo, que pueden esperar los efectos derivados. El acto electoral resulta toda una bisagra. Informate más
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