14 de octubre 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

... Y, súbitamente, el volumen de tres dígitos volvió a convertirse en fantasma. El martes, cuando después de acumular tres fechas sin actuación, se esperaba un reinicio en línea con lo anterior, los negocios decayeron 30%, se encogieron a esa cifra que hasta no hace mucho era techo y que, en estos tiempos, se convirtió en piso de mercado. He ahí un logro que no se destaca demasiado, como si obtener unos $ 70 millones diarios fuera un marco tradicional y olvidando que en ciertos lapsos del año era para festejar cuando se repetían sumas como ésas. Pero retomando lo inicial, el asunto es que después de más de $ 100 millones del otro viernes, la función arrancó sobrando muchas localidades. ¿Un atenuante?, habría que hallarlo por el lado de una semana muy especial para la colectividad israelita, efecto que todos los años posee alguna incidencia, en el resumen de actividad general. ¿Otro?, ya pertenece al terreno de las hipótesis, como pensar que la cercanía de las elecciones coloca en un primer plano ciertas dudas, que no estaban en escena hasta setiembre. Como viéndolas en horizonte alejado. Ahora, que las tenemos encima y ya para dentro de un período semanal, acaso provocando cautela que parte de un razonamiento clásico: esperar, ver qué sucede, no jugarse en demasía sin ver todas las cartas que derivan de las elecciones.

Los precios bajando, desacreditando la suba del viernes que se había concretado con volumen en retroceso, puso la casa en orden desde tal aspecto operativo. Pero el martes hubo un rasgo que cuadró bien: el Merval retrocediendo 0,7% y las órdenes viniendo atrás, hasta los $ 73 millones. Como que la oferta supo dar respiro y momento de calma, viendo que no existía fuerza en el oponente. Que, en caso de repetir la tremenda inyección de posiciones, sería como pegarle a un rival sobre las sogas y con guardia baja. Esto no favorecía a nadie, porque el vendedor necesita como elemento principal que exista una «contrapartida» equivalente, sin tener que desagiar tanto los precios. O comienza a jugar contra su propio dinero.

 
No sabemos de miércoles y jueves, al momento de realizar estas líneas, será medianamente importante ver cómo se conjugan con esa reapertura donde el «fantasma» se puso la blanca túnica de nuevo y salió del recinto. La coincidencia con un motivo preciso hace más turbulenta toda conclusión, pero el aperitivo de la semana será como una introducción al período que estará totalmente impregnado del acto electoral. No hay chequeos directos sobre qué opina el ambiente bursátil, respecto de si prefiere un triunfo muy claro del oficialismo, o piensa que resultaría mejor un resultado más apretado, como denotando que existe una oposición a ciertas reglas de conducción impuestas. Solamente habrá que comprobarlo con la verdad del dinero sobre la mesa.

Dejá tu comentario

Te puede interesar