24 de octubre 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Hoy, los medios de toda índole estarán saturados de informaciones y análisis acerca del acto electoral. Vamos, entonces, a responder al espíritu bursátil: para la Bolsa, lo de ayer está lejos, hay que prestarles atención a otros temas que quedaron en segundo plano en la última semana y que ya estaba impregnada sólo de las elecciones. Por ejemplo, un asunto que muchos quieren dejar olvidado, cajoneado, retornó a un preocupante primer plano. El ya famoso juez Griesa, de Estados Unidos, decidió darle curso a una demanda de bonistas en contra de nuestro país. Esto, se mencionó, apareció antes de los tiempos que tenían previstos los abogados defensores. No importó tanto el fallo, en función de la cantidad que puedan tener los litigantes, sino que -en concepto de gente de leyes- lo peor es que terminó por dejar abierta la brecha para que las demás demandas vayan entrando en larga y densa fila. Esto pasó como nota común en los medios, absolutamente falto de comentarios en lo que hace al ambiente cotidiano -como siempre resulta así- muy interesado en los concursos de insultos y bajezas, con que se dirimen las elecciones de nuestro medio. Desde el punto de vista del inversor, conviene estar alerta sobre tales demandas a las que se da curso favorable, aunque nuestros funcionarios y políticos resuelvan dejarlo de lado. «Mejoró poco el país en el ranking de la corrupción», otro título de la semana, que de ninguna manera parece inquietar a nadie: demostración de que no avanzamos nada para comprender las zonas desastrosas en que hemos caído. En tanto, lo que se formó como tormenta tropical, va tomando intensidad en cuanto a un peligro inminente para los mercados. Los precios mayoristas de Estados Unidos treparon 1,9% en setiembre: para ellos, sus medidas, un escandaloso índice. Y ya se formalizó una corriente en el mundillo financiero y económico de aquel país, respecto de un permanente retoque de las tasas. Gran farol de peligro, como aspiradora de capitales y con los europeos quedándose, por el momento, quietos con sus propios retoques. A la corta, o a la media, el tema les va a pegar a todos los mercados.

Que por no hacerlo, y equivocarse muy feo en las estimaciones, es que nuestro Ministerio de Economía desechó tomar dinero a cierto nivel de tasas -diciendo que se verían más bajas después- debiendo ahora salir a capturar fondos de donde pueda (hasta de la AFIP...). Tampoco esto mereció demasiados comentarios, pero es ciertamente poco confiable que una cúpula que decide nuestros destinos se equivoque de medio a medio. El único entusiasmado es el gobierno venezolano, que sigue en la tendencia a cubrir bonos argentinos.Y por aquí, chochos... ¿nadie se pregunta qué está detrás de semejantes compras? O, de verdad, se supone que las huestes de Chávez son inocentes inversores en el país más desacreditado del nuevo siglo. (Ponerlo a Chávez de acreedor no puede tranquilizar a nadie.)

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