1 de noviembre 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Mejor que no sea Chávez el espejo donde quieran mirarse nuestros gobernantes, porque el que ahora aparece como gran mecenas para la toma de bonos argentinos muestra otras facetas que pueden helar la sangre del mundo económico y empresario. No vale repasar en detalle el caso que se planteó hace unos días, en relación con el grupo Techint y sus intereses en Venezuela. Pero cabe extraer las conclusiones del caso, cuando por aquí solamente aparecieron ciertos vestigios, menos concretos, de lo que es avasallar, atropellar, amenazar al capital.

Y es que cuando un mandatario trasciende todo límite y va más allá de querer poner en caja una relación que considera desfavorable para su país, con las expresiones terminales de Chávez todo tipo de marco legal vuela por los aires. La amenaza de una recompra si es que los empresarios no se avienen a sus designios, pintan de cuerpo entero un principio autoritario y ya inmerso en un sistema, que resaltó el estrepitoso fracaso del siglo XX. Como se sabe de varios trasnochados que suelen tentarse con tales ejemplos de patoterismo contra el capital privado, el caso Techint en Venezuela debe estar bien presente para que algún arranque de igual índole no surja en nuestro medio. Menos cuando se está solicitando inversión privada a viva voz y cuando se viene de algunos casos confusos en las relaciones de gobierno y grupos de privatizaciones: al punto de que algunos abandonaron de modo definitivo sus activos en el país.


Coquetear con la izquierda, pero solicitarle dinero a la derecha cuando las papas queman, es un clásico en la historia de gobernantes que se envanecen con algún cuarto de hora provisto por el ciclo favorable, que luego se desesperan al venir la contracara. La experiencia dice que la gente suele comprar tal tipo de personajes que se muestran como los «restauradores» de la dignidad, del orgullo, y de todo aquello que se supone perdido y con derecho a ser reconquistado con tales golpes de efecto. Al operador de mercados, esos mismos gestos deben ponerle los pelos de punta.


Porque es sabido que el capital no acude donde está en peligro y posee menos puertos dispuestos a que desembarque. En verdad, cuando surge un foco como el comentado, suele pasar que se favorece a algún vecino competidor.


Sabemos de qué modo trastabilló nuestro mercado, a raíz de la fuerte baja sufrida por los papeles de Tenaris. Esto, como hilo conductor de lo sucedido con la empresa que poseen en Venezuela. Un ejemplo clarísimo, y eso que el epicentro no había tenido base en nuestro medio, pero con respuesta en todos los frentes donde actúa la acción. Una demostración de la gran distancia que existe entre el jugueteo sentimental, romántico, de quienes no tienen nada que arriesgar y los que temen por sus intereses. Como dirían los rusos: «Si sabes que está el lobo, no vayas al bosque...».

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