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Coquetear con la izquierda, pero solicitarle dinero a la derecha cuando las papas queman, es un clásico en la historia de gobernantes que se envanecen con algún cuarto de hora provisto por el ciclo favorable, que luego se desesperan al venir la contracara. La experiencia dice que la gente suele comprar tal tipo de personajes que se muestran como los «restauradores» de la dignidad, del orgullo, y de todo aquello que se supone perdido y con derecho a ser reconquistado con tales golpes de efecto. Al operador de mercados, esos mismos gestos deben ponerle los pelos de punta.
Porque es sabido que el capital no acude donde está en peligro y posee menos puertos dispuestos a que desembarque. En verdad, cuando surge un foco como el comentado, suele pasar que se favorece a algún vecino competidor.
Sabemos de qué modo trastabilló nuestro mercado, a raíz de la fuerte baja sufrida por los papeles de Tenaris. Esto, como hilo conductor de lo sucedido con la empresa que poseen en Venezuela. Un ejemplo clarísimo, y eso que el epicentro no había tenido base en nuestro medio, pero con respuesta en todos los frentes donde actúa la acción. Una demostración de la gran distancia que existe entre el jugueteo sentimental, romántico, de quienes no tienen nada que arriesgar y los que temen por sus intereses. Como dirían los rusos: «Si sabes que está el lobo, no vayas al bosque...».



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