2 de noviembre 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Tenemos que pasar otra semana festivalera, ya superadas las elecciones, con una ciudad balnearia blindada como para un ataque marciano. Sitiada desde contingentes de una izquierda que acaba de volatilizarse, en el último paso por las urnas, y con incentivos oficiales para apostrofar a Bush, mientras el presidente de la Nación se reunirá, en nombre del país, para solicitarle una nueva ayuda en el controvertido acuerdo con el Fondo Monetario. Parece un juego para armar, pero no lo intente nadie: a alguien de los involucrados le está faltando alguna, o varias, piezas. Y sería un juego incapaz de poder completarse, desde la comprensión y el raciocinio. Curiosamente, es como que frescas las ruinas del « duhaldismo», queda un principio de «dualismo» inusitado frente a la llegada del presidente de los Estados Unidos. Donde gobierno y manifestantes dan señales de pensar lo mismo, pero mientras un brazo sube amenamente ante el visitante, el otro irá con la palma abierta esperando que le den otra mano... En fin, será otra historieta para seguir matizando un presente de incongruencias históricas.

En tanto, parece ser que la gente de Tenaris se allanó a las gentilezas de Chávez en Venezuela: efecto que logró encalmar el papel en Bolsa y bajarlo un volumen -en caída de precios que era en «tirabuzón». El mercado dio el primer paso en noviembre con ansias de encontrarse con operadores más en sus cabales y dejando, lo más lejos posible, el recuerdo de esa última semana «trágica» -para el sistema- como la última de octubre. En este punto cabe preguntarse a qué diablos jugaron todos en esos días donde al mercado le volaron las clavijas. Habrá que estar en la cocina operativa, con pormenores, para poder interpretar esos golpes de una a otra banda y con semejantes cambios de actitud. Como si en una rueda concurriera una sola de las fuerzas, estando sólo la otra al día siguiente. Y repetir el dibujo, toda la semana.


Quizás, a muchos de los intervinientes en la maratón de esa semana, los metidos de lleno en las operaciones, no les haya parecido tan notorio. Dando unos pasos atrás, viendo el mercado sin intereses en juego, la escena es mucho más impresionante. Algo así como cuando entrevistan a jugadores de fútbol y dicen haber hecho un partido « interesante», cuando los espectadores solamente vieron que se dieron de patadas y sin pizca de fútbol. No importa mucho qué le produce a cada uno ahora, si lo importante es que entremos a una zona donde a la Bolsa -un redondito balón- la dejen de maltratar pegándole hacia cualquier parte.


Si habrá algún efecto, esperemos que no, derivado de ese sitio a la ciudad amurallada, puede venir otro jaleo con excusas. Mejor que todos se den una tregua.

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