Cupones bursátiles

Economía

Puede despertar polémica llegar a criticar tipos de desarrollos bursátiles, y operadores como lo hicimos respecto de la desprolija secuencia de la última semana de octubre. Ahora, cómo delimitar los grandes rasgos que nos digan qué es lo que favorece y lo que perjudica. Nuestro punto de vista es muy drástico: todo lo que no favorece al sistema, en su conjunto, está en contra de él. A partir de esos parámetros, creemos que una semana, como la que se vio en esa etapa final de octubre, escapa a los movimientos naturales. Y sale de todo tipo de patrón, o de escuela que se le quiera aplicar. Queda colgando de una cornisa, donde puede despeñarse a un simple juego de azar. Y cuando se llega a eso, deja de ser Bolsa, sencillamente porque se ha convertido en todo un juego de azar. Que el mercado, con su sabia «mano invisible» corrige los desvíos, es cierto. Pero, cuidado, que una cosa es esperar la corrección sobre los abusos y, otra, es pensar que habrá de actuar sobre los usos.

Y siempre pensamos que sobre las selectas reglas de oro, que la Bolsa enarbola desde su creación en Amsterdam, existe también una gama de estilos: que está provista por las distintas generaciones de intervinientes en ella. No podemos esperar que hagamos cualquier estropicio operativo y que aparezca, mágicamente, un supremo mandato que todo lo vuelva a poner en orden.


Hay puntos clave de la historia bursátil mundial, donde se pueden ver que las « correcciones» no fueron suficientes cercenando abusos, sino que hubo el mercado dejar que prevaleciera el caos para recién comenzar a construir de nuevo. Ejemplos clásicos, como el inicio de la «Gran Crisis» de 1929. O, para ser más domésticos, el pavoroso «crac» argentino de 1890. Más acá en el tiempo, el de 1949, no tuvieron tanto que ver con el abuso operativo, sino con un desmadre de los usos. Y que no solamente se sintetizó en lo bursátil, sino que todo bien transable -comenzando por los inmuebles- resultaron objetos de la codicia desenfrenada (y de contextos dinerarios que rompieron todos los límites).

El enorme desastre de hace unos años, con la fiebre sobre las «tecnológicas» en Estados Unidos, debió ser pagado con sangre bursátil.


Y cuando hacemos veloces recuentos estadísticos, después de la violencia desatada, hasta se puede llegar a decir que «nada ha pasado»: porque los índices están en el lugar de antes. ¿Y qué estadística cuenta sobre los inversores, operadores, que quedaron aplastados y perdidos para el sistema? Se comienza por no dar importancia a ese juego de vértigo e incoherencia, se supone que todo quedará igual después. Y hasta puede haber muchos que crean que la Bolsa es eso. «Corrección de crecimiento», aplicaban algunos analistas a los inicios de grandes crisis. La ola los tapó.


Mejor, no perder nunca el marco:
o nos quedamos sin cuadro.

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