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Ejemplo 2: Protagonistas de parecido calibre. El mismo esquema, pero con una variante: desde uno de los trenes no hay una, sino dos locomotoras de arrastre. Otra cartera en igual dirección que alguna de las otras oponentes, desequilibrando al mercado y llevándolo hacia el plano inclinado decidido. En definitiva, uno de los problemas que la plaza accionaria sostiene desde que culminara el boom de 1991: la alta concentración, por oposición a una razonable dispersión entre clases inversoras. Por momentos, esto parece favorecer al mercado, evitando cierto desmadre de lo que se llamaba «el chiquitaje» (y eran los impulsos individuales). Pero, como en los ejemplos, qué puede suceder si una de las columnas de sostén del mercado adopta una actitud decidida en determinada dirección. O, si se suman dos, tres más.
Ahora existe un «embudo» donde inversión de muchas manos penetra a la plaza a través de pocas. La gente ha quedado separada de la intervención directa. Y si bien lo ansiamos, da temor suponer a inversores pequeños sueltos en medio de un tiroteo como el que vimos.
Y no es que la gente se apartó porque «la Bolsa es difícil», o que «armar carteras es para expertos», esto fue una falacia bien inyectada a través de los años, como para que se crea que la inversión más popular debe ser, en realidad, elitista. Todo el que está en el ambiente sabe bien que, papeles más, papeles menos, casi todas las carteras que se formen deberán contener casi los mismos títulos, o variedad de especies. Y que armar una cartera razonable depende del capital a invertir, siguiendo el básico principio de: diversificar, sin licuar. Cuando se colocan demasiados títulos distintos, en baja cantidad, los grandes del mercado llamaban a eso, simplemente: «echar agua al vino». La historia de las AFJP, su finalidad original, en qué se convirtieron, su destino de ser simples instrumentos de designios oficiales y la realidad de no tener casi nada de independencia, daría para muchos «cupones» seguidos. Semanas como ésa de octubre, donde la verdadera Bolsa fue aplastada, esperemos que no se convierta en moneda corriente.



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