Brutal ampliación. Brutal contracción. Los rasgos brutales sobre el monto de negocios volvieron a hacerse presentes. Y esto también denota que el mercado no está en orden, por más que se recuperen terrenos perdidos o se agreguen marchas inéditas. Como otras veces, lo más notable puede que resulte el poder de elasticidad que tiene la plaza, como para neutralizar efectos y hasta desafiar a la física, en cuanto se producen aceleraciones notorias cambiando de marcha y saltando cambios. O cuando se generan esos rebajes, que son para pensar en precios saliendo por el parabrisas.
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De ahí, nos dirá alguien, y probablemente con razón, el derivado beneficioso de tener un mercado de alta concentración en grandes carteras, antes que muy atomizado. Es cierto, nunca lo negamos, para determinadas facetas resulta más aconsejable poder controlar las fuerzas desde pocos puntos importantes, antes que tener que evitar que una gran masa individual se disperse. Pero esto no puede hacer de sustituto de las otras facetas que se han perdido: el calor popular, el piso bullicioso, la «baranda» dando marco a pleno y hasta aquellas aglomeraciones en la calle, cuando el mercado estaba con las calderas rugientes. Ni siquiera los noticiarios se acercan, por más que existan subas de importancia, ya que es muy poco lo que pueda filmarse y que represente a un recinto, a una Bolsa, desplegando su energía. Pero no es hora de ponerse nostalgiosos; lo que no está es muy poco probable que pueda recuperarse, y quedarán postales de aquel pasado -no tan lejano-, acaso como para que se formalice alguna polémica en la mesa de un café, acerca de qué tipo de escenario y desarrollos eran más bursátiles, por así decirlo...
Volviendo al primer párrafo, se ha vuelto a notar un regreso a los golpes de volumen, que pueden arrugarse en la misma forma de un día para el otro. Y la respuesta ha continuado siendo elástica, felizmente digamos, porque, de lo contrario, todos estaríamos tirándonos de los pelos, viendo las subas y las bajas porcentuales. Si es que unas pocas manos deciden abrir, o cerrar, el grito de órdenes: no lo sabemos. Pero la alta concentración hace que ninguna hipótesis resulte alocada. Encontrar los motivos para que una rueda consuma $ 130 millones y la siguiente sólo $ 60 millones es lo verdaderamente difícil. Más, cuando se trata de golpes reiterados periódicamente y no como producto de algún hecho bien notable como para generarlo. A algunos, quizás a la mayoría, no les preocupa qué sucede con las órdenes y vigilan sólo al índice. Como éste no da muestras de saltos mortales, no hay preocupaciones. Nosotros tenemos como primera figura, vital, lo que sucede con el volumen y vigilamos al revés. Por eso es que lo destacamos. Y es un barómetro; no indica que esté lloviendo..., sino que es probable que llueva. Informate más
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