9 de noviembre 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Es curioso: con todos los ciudadanos que tuvimos ocasión de comentarlo, la impresión dejada no coincide con aquella que bajó desde el gobierno respecto de las conclusiones de la cumbre. Pero, bueno, no resulta un hecho extraño que ello ocurra, como tampoco que los funcionarios le falten el respeto a la inteligencia del ciudadano. Buscar ese mensaje «para la masa», pretendiendo inyectar una conclusión que no se sostiene apenas uniendo algunas evidencias. Los políticos seguirán en tal tesitura, donde por «políticamente corrupto» el falsear lo mismo que cada uno está viendo.

El mercado tendrá también su propia opinión, pero no es tampoco extraño que esté dispuesto a dar por buena la versión oficial. Habría que chequear opiniones personales, fuera de exposición pública, para sondear qué tipo de preocupaciones les puede haber dejado a los empresarios, a los agentes económicos, esa atmósfera que parecía traer tufillo a un peligroso «aislamiento» en una cruzada de «dos contra el mundo» y donde nos vamos quedando pegados al líder venezolano, mientras los demás van procurando otros andariveles, aunque presten esas adhesiones formales arriba de un escenario.

Qué camino seguimos desandando, adónde nos lleva en el destino final, es un tema para mucha polémica y disquisición, pero que en muchos ámbitos se debe estar realizando en estos momentos.

 

Suponer estímulos extra para la tendencia es inventarlos; queda ahora por ver cómo sigue el «culebrón» con el Fondo Monetario y qué es lo conseguido, en el mano a mano con Bush. Puede signar esto el remate del ejercicio, ya sea que se abra un puente de acuerdos, o se prosiga con posiciones separadas. Lo que sucedió en la cumbre, más allá de cada interpretación de analistas, o de ciudadanos comunes, se verá de manera irremediable en los siguientes movimientos que se efectúen.

La Bolsa, sus operadores, pueden intentar tocar cuerdas distintas como para hallarle motivación que se transmita a los precios de este bimestre final. Después de todo, lo sabemos, no interesa demasiado a través de qué caminos se pueda incentivar al Merval, con tal de que se pueda. Esto es otra realidad que ha emanado de las últimas décadas bursátiles, la falta de fidelidad de lo que antes se denominaba «el termómetro» del país, donde todo lo que aparecía afectando al Capital se recibía con decepción en la tendencia. En una palabra, también el poder de adaptación de un nuevo tipo de inversor y operador ha decidido -muchas veces digerir «sapos vivos», como que el mercado se dedicara a generar causales propios. Y he aquí otra derivación de la alta concentración, donde no participa el accionarado popular, ya que mediante el concurso de algunas carteras fuertes los efectos de una causa pueden paliarse, inclusive llegar a mutarse. Al menos, por un tiempo...

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