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Cuando se habla de tales herramientas, en vez de llamarlas plan, o estrategia, hay que rotularlas como estratagemas para que aquello que es no lo parezca tanto.
Se acaba de despedir a un ministro de Economía que tuvo la habilidad de administrar los efectos de causas que habían producido otros -a quienes el puesto les costó- y dejarse llevar por la música, mientras sonara bien. Esto le ganó una serie de elogios y ponderaciones, quizá basadas en la prudencia del «no hacer» (como dicen los productores, acerca de que los éxitos no se tocan) antes que el poder enumerar alguna idea, o medida, trascendente y profunda.
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